Thorpe nada con aletas
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En la Piscina Municipal de Canberra, a 14 dólares australianos la hora, cualquier bañista puede alquilarse una calle junto a Michael Klim (1.91 metros) y Alex Popov (1.97), las joyas que allí entrena Gennadi Touretski, el viejo jefe técnico de la natación soviética. Un periodista francés preguntó a Touretski qué hacían Klim y Popov para correr literalmente sobre el agua. Touretki invitó al osado, Daniel Drollette, a compartir calle con el oso Klim y el zar Popov. "Sólo recuerdo cómo pasaron por mi lado dos remolinos que, por las burbujas que despedían, parecían torpedos lanzados por un submarino", dijo Drollette.
En la natación del siglo XXI, la que va a hacer temblar el Sant Jordi, saber nadar es algo muy relativo mientras se mida 1.95 y se tengan aletas. Los entrenadores, Touretski el primero, señalan un defecto tras otro al Torpedo Rey, Ian Thorpe. Hablan de la entrada de la mano izquierda, del ángulo del codo, del equilibrio del cuerpo. "Pero nadar con 1.95 y un 56 de pie es como salir al agua con aletas". Por eso, a Thorpe también le llaman Flipper. Dicen los ilustres que nadie nada mejor que Popov, ex soviético y casi australiano: por eso está ahí con 31 años. Pero no gasta un 56 de aleta. Y por cierto: todos se acogen a los beneficios sanguíneos de la altitud. Y por cierto, juran que "los alemanes y las alemanas del Este enseñaron en la RDA los caminos de la técnica de hoy". ¿Había en la RDA torpedos de 1.95 y con aletas del 56? No, padre.
