Voleibol | Liga Mundial

España vuelve a quedarse sin nada

Tenía en su mano meterse en sus primeras semifinales pero fiel a la tradición completó un horroroso partido ante la República Checa.

<b>PASCUAL: "LO SIENTO POR EL PÚBLICO"</b> "Estoy muy decepcionado y desilusionado, sobre todo porque el público ha sido muy numeroso y nos ha apoyado en todo momento. Es una pena. Lo siento, porque la gente se ha portado de maravilla. Estas sensaciones pasan a formar parte de mis recuerdos importantes. Siempre estamos ahí, en las puertas de hacer algo grande, pero luego nunca lo conseguimos. No sé cuándo va a llegar nuestra hora. De todas formas, reconozco que la República Checa ha hecho un gran partido. Era un encuentro difícil, pero tenía que haberlo sido para ellos. Es evidente que en Madrid hemos perdido una ocasión única".
Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

La historia se repite machaconamente. Otra vez, una más, España se queda a las puertas de su Olimpo para resbalar en el último momento y hundirse en las hirvientes calderas de Pedro Botero. Otra vez al Infierno, como si este grupo que está muy por encima del valor real del voleibol nacional tuviese que purgar por una deuda secreta. Pero es que ayer esta Selección no fue lo realmente buena como para ganarse el puesto en las semifinales. Desconocerlos sería mentir. Hizo un partido horroroso y se quedó fuera de las que serían sus primeras semifinales.

Se falló en dos aspectos fundamentales: el saque y la recepción. En el saque llevamos tiempo sin mejorar en la misma proporción que el resto, exponiendo más allá de lo que se puede; y sin saque, el bloqueo está vendido. Peor fue la recepción, y con ello el recuerdo de Alex Valido. No se puede culpar a Berenguel, pero se notó la falta del canario, el único líbero español de calidad contrastada y consagrado en ese puesto desde hace años.

Sin Valido. La derrota de ayer se fraguó camino de Venezuela, cuando se insubordinó el líbero titular. Paco Hervás, que no es Del Bosque (por lo de la mano izquierda), le excluyó de la fase final. Ganó el principio de autoridad, pero se verá a la larga si no ha perdido España su gran ocasión de hacer historia, de engancharse al público madrileño y hacerse un hueco en los medios de comunicación.

España siempre fue a remolque. Nunca disfrutó en la cancha. Estuvo acogotada por los checos, enormes, fibrosos, concentrados. Además el grupo se fue acomplejando en la pista.

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Si reaccionó por momentos no fue por el juego colectivo, sino por los ramalazos de algunos jugadores expoleados por el ambiente extraordinario. Había público, y entendido, del que sabe cuándo hay que presionar.

Esa masa humana fue la que elevó a Rafa Pascual, la que le devolvió a sus años de esplendor, y le cargó los muelles de sus muslos para brincar como un caballo. Él ganó el tercer set; con él (y con el saque de Falasca, que salió para eso y lo hizo bien) se remontaba el cuarto. Pero con 23-24 el colocador se olvidó de que el jugador caliente era Pascual. Saucedo, sin resuello, se comió su remate para desesperación de todos.

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