En manos de los agentes
Desde hace algún tiempo, el Sporting tiene demasiada dependencia de algún intermediario concreto, aunque aparentemente tenga relaciones con casi todos. Cuando José Fernández se hizo con la presidencia, la mayoría de las operaciones se hicieron con el valenciano Alberto Toldrá, que pasó a ser el agente de confianza de los rectores de aquel entonces, quien, por otro lado, se hizo con la representación de los mejores jugadores de la entidad, como Abelardo y Luis Enrique, entre otros.
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Después llegaron Iñaki Urquijo y Juan Vergara, que trajeron futbolistas de los países del Este, bien representados por ellos, casos de Lediakhov, Nikiforov, Cherishev o Kosolapov. Tras el descenso a Segunda el agente del Sporting pasó a ser Óscar Segura, amigo de Alfredo García Amado. Ahora, las cosas sufrieron una variación con el buen entendimiento con José Luis Tamargo, aunque no se olvida el éxodo gratuito de Angulo al Valencia en una intervención suya.
Ahora, los buenos modales de Vega-Arango devolvieron la confianza a Tamargo, quien se permitió torpedear el traspaso de Villa al Zaragoza con montante económico sensiblemente inferior al que se había encargado a una agencia de intermediación. El contemporizador presidente pide que miremos la botella medio llena, no medio vacía. Lo más conveniente es verla con el agua muy clara, que es lo que necesita un club casi centenario al que muchos utilizan para su economía personal.
