La semana del voleibol
Vamos creciendo en cultura deportiva gracias a acontecimientos como el que comenzó ayer a disputarse en Madrid: la Liga Mundial de voleibol. No es que la juguemos por primera vez, pero sí es la primera que la fase final de esta competición se celebra en España. El ser anfitriones de una prueba que pone en juego un título mundial siempre despierta curiosidad y, sobre todo, entusiasmo a poco que las cosas vayan bien. Esto que ganamos. Si hemos descubierto y disfrutado la Fórmula 1 con Fernando Alonso, lo mismo puede suceder con el voleibol y esta Liga Mundial.
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No es que el voleibol sea un deporte desconocido en España. Moderno casi pudiera decirse que sí, porque hasta 1960 no se creó la Federación Española de Voleibol, 65 años después de que este deporte lo inventara William G. Morgan en Holyoke (EE UU) tras elevar una red de tenis. Al voleibol se apuntaron enseguida los grandes clubes de fútbol, y el Madrid, el Atlético y el Barcelona tuvieron sus secciones, desaparecidas con el tiempo por su escasa rentabilidad. Ahora se las echa de menos para que el voleibol crezca en popularidad, después de la buena siembra que hizo en el 92.
Fue ese año, en los Juegos Olímpicos de Barcelona, cuando el voleibol español se hizo mayor de edad con un octavo puesto que fue todo un trampolín. Desde entonces la Selección figura en el grupo de la élite internacional, pero ganar, lo que se dice ganar, todavía no ha ganado nada. A cambio, eso sí, tenemos a Rafa Pascual, el mejor jugador del mundo, aunque ya, a sus 33 años, ha bajado un peldaño con respecto a la década de los 90, cuando jugó en los mejores clubes de Italia, Japón, Francia y Puerto Rico. Su reto es que esta semana nos enganchemos al voleibol. Si ganáramos una medalla...
