Primera | Real Madrid

Es capitán; le gusta mandar y dirigir

Milito no es un central elegante con la pelota, pero ante todo es un defensa experimentado. Ha jugado ya 122 partidos oficiales y cuatro con la selección nacional.

<b>VIRTUDES</B>. Tiene velocidad en corto, juega sencillo, posee visión de juego e inteligencia.
Julio Maldonado
Importado de Hercules
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La primera sensación que transmite Gabriel Milito es su personalidad. Zurdo, en el centro de la defensa actúa como un veterano. Y no sólo ahora con 22 años, cinco temporadas como indiscutible en Independiente y pieza de futuro de la selección argentina. Milito ya jugaba como un veterano en la selección Sub-17 de 1997 de aquel Sudamericano de Paraguay con José Pekerman, y mostraba todas sus virtudes. No es un central elegante con la pelota pero sí experto en muchas cosas que definen a un gran defensor. La velocidad en corto para anticiparse, su obsesión por jugar siempre sencillo al compañero y no reventar el balón, salvo en casos extremos, su visión de juego y su inteligencia. Es capitán, manda en la defensa, gesticula y dirige. Y no sólo en el Independiente, también en sus primeros partidos con la selección absoluta. No le veremos a menudo conducir la pelota al ataque, prefiere quedarse atrás en la posición de central. Recibe, toca en corto al compañero correcto y se queda para que la suban otros. Sí le veremos incorporarse en jugadas de estrategia al área rival para explotar su buen cabezazo, una de sus mejores armas.

Nada parece quedarle grande a este hijo de boquense, nieto de un socio vitalicio de Independiente y hermano de Diego, delantero de Racing y que parecía destinado a mejores cosas en el fútbol cuando Gabriel anduvo cerca de abandonar antes de su primera llamada a la Sub-17.

Nacido en Bernal el 9 de julio de 1980, en la pugna entre padre y abuelo ganó el más veterano, y Gabriel se acostumbró al fútbol en la Doble Visera del Independiente. Se enamoró del rojo de Avellaneda, aunque en sus inicios entró junto a su hermano Diego en los infantiles del Racing. Un técnico como Miguel Gómiz le enseñó a manejarse como central, pero problemas en la cantera del club obligó a salir a los dos hermanos. Un año sin equipo, sin jugar, sin sueños de verdad. Ingresó en las inferiores del Independiente y debutó en Primera el 21 de diciembre de 1997 ante Ferro. Diecisiete años para un central que se consolidó la temporada siguiente como titular y al que ya nadie le quitó el puesto.

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Desde hace tres años recibe ofertas de toda Europa, pero prefirió quedarse en Independiente, igual que hizo Walter Samuel con Boca en su momento (Samuel dice de él: "Es un óptimo defensor, se puede confiar en él ciegamente"). En los tres últimos años vivió un título histórico y la caída en picado de Independiente. Gabriel Milito no perdió nunca la confianza en sus posibilidades, siempre fue el caudillo de la defensa y se marcha a Europa en el momento justo, ahora que quizá podía empezar a estancarse en el fútbol argentino.

Odia que le comparen con Passarella y hay pocos defensores que lean mejor un partido, que se desenvuelvan en todo momento. Tiene margen de mejora aunque su personalidad le define. También su idolatría por Baresi y una frase suya que sirve de ejemplo. "Baresi miraba todo, y así debe ser un central. Una especie de lechuza que mira para los costados, para adelante y atrás. Porque sin una gran concentración pierdes".

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