Tristeza en el Castellón

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Ha pasado ya algún tiempo desde que terminó el último partido del Castellón en la Liga, pero en mi cabeza se confunden diversas sensaciones. Como dijo Oltra, estamos jodidos, porque el Castellón se merecía subir de categoría. Pero hasta el fatídico gol de Aguilar, pasaron cosas muy grandes.

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Serían las nueve menos cuarto de aquel día cuando llegué al estadio de Castalia para partir hacia Murcia. Me encontré con viejos amigos y se escucharon los primeros cánticos, pero no eran horas, me refiero a que todavía era muy pronto por la mañana y estábamos todos muertos de sueño. Lo realmente espectacular comenzó con la llegada a Murcia, el autobús nos dejó en el auditorio y emprendimos camino hacia La Condomina. Una auténtica marea albinegra recorría las calles murcianas, gentes de todas las edades, desde niños hasta abuelos, pasando por la mayoritaria facción joven de la afición, todos ellos con los colores de nuestro equipo.

Y lo peor llegó con la entrada al campo. Nos habían preparado una auténtica encerrona: tres mil personas entrando por una puerta tan pequeña como la del cuarto de baño de mi casa. La policía nos quitaba las botellas de agua. Ver a niños de tres años llorando; ver a la afición murciana insultándonos. Muy triste. No deberían pasar estas cosas.

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