Elegir destino
¿El mar o la montaña? Esta disyuntiva debe estar revoloteando ahora mismo en muchos hogares de nuestro país creando banderías entre los miembros de la familia que pelean por llevar el agua del destino vacacional a su molino. Sin embargo, un puñado de conciudadanos no sufren ese quebradero de cabeza. Tienen muy claro desde hace tiempo dónde van a pasar los meses de verano: en una montaña con la que llevan soñando meses e incluso años. Para ellos supone una elección con implicaciones más profundas que la mera decisión sobre cómo pasar su tiempo libre. Han decidido convertir las montañas en un destino vital, en una forma de entender la vida.
Una temporada más, nuestro país es el que aporta el mayor número de expediciones con destino al macizo del Karakorum, es decir el lugar de mayor concentración de altas montañas del planeta. Como reconoce el ministerio de Turismo de Pakistán más de diez expediciones españolas, sobre un total de cincuenta, intentarán este verano pisar alguna de las cumbres más bellas y difíciles de la Tierra. Pero ese puesto de honor no sólo se sustenta sobre la cantidad, sino, fundamentalmente sobre la calidad. En la actualidad, el alpinismo español está marcando la pauta con pulso firme, como lo demuestran las distintas expediciones que están a punto de ponerse en camino o ya se encuentran al pie de su objetivo soñado.
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Algunos como Iñaki Ochoa de Olza ya se han hecho con el Nanga Parbat. Sin duda más difícil lo tienen los que repiten un año más en el K2, entre ellos Carlos Soria y Araceli Segarra. Aragoneses y asturianos ya se están peleando con los Gasherbrum, el I y el II. No hay que olvidar que el G-I es uno de los ochomiles menos ascendido y el G-II, en apariencia más fácil, se cobró la vida de uno de nuestros mejores himalayistas , Félix Iñurrategui. Juanito, Edurne Pasabán, Marianne, Yosu y Ramón ya han montado el campo dos en el Hidden Peak y en breve estarán en disposición de poder atacar la cumbre. Luego intentarían la de su vecino el G-I. Si lo consiguen, Juanito igualaría en número de ochomiles a Messner y Edurne ya tendría seis.
En fin, todo esto demuestra la pujanza de nuestros alpinistas. Pero me gustaría dar un dato que es todo un símbolo de que vamos por el buen camino. Juan Vallejo, con un compañero simplemente, intentará la repetición de la mítica ruta Eternal Flame en la Torre sin Nombre. Una obra de arte, extremadamente difícil, en una pared de roca de más de 1.200 metros de longitud y cuya cumbre termina a más de 6.000 de altitud. Una escalada que pasará inadvertida, entre otras a montañas más altas pero más fáciles y entre tanto torneo veraniego soporífero. Pero en esos muros de granito se esconde, en suma, los mejores valores de nuestro alpinismo más audaz. Más allá de los resultados concretos que obtengan, desde aquí les quiero desear que tengan la suerte de disfrutar de cada minuto de su aventura en ese universo de las montañas que han elegido como destino.
