Yo Digo Alejandro Delmás

La maldición de La Tumba y algo más

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

La pista uno del All England, donde el marsellés Grosjean curó ayer mucha frustración francesa ante el valenciano campeón de Roland Garros, tiene un nombre en argot: La Tumba. Se explica: allí pierden muchos campeones y números uno neófitos, piafantes, porque se creen en el derecho de jugar en la Central y, de repente se ven... en La Tumba. Allí echaban cada vez que podían a Ivan Lendl, que nunca jamás ganó el título de Wimbledon. Allí, desesperados, frenéticos y heridos en su orgullo, McEnroe y Connors montaban escándalos considerables cada vez que les hacían jugar en... La Tumba.

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Allí armó McEnroe el pandemónium en 1979 y 1981. Y sufrió sus peores humillaciones: la hierba no están tan cuidada como en la Central y hay muchos más botes irregulares. El público es más de relleno y menos chic. Hay más humedad y oscuridad. El que se lo cree y se ve en la cima, como Ferrero, le coge asco a La Tumba. Como cualquiera, vamos. Pero Ferrero no sólo perdió por eso...

Básicamente, Grosjean ganó, al cabo de tres horas largas repartidas en dos días, porque su tenis fue no sólo más agresivo, sino más adaptado a la hierba, con cortados de subida y bolas bajas deslizantes (chips) que rompían el ritmo de peloteo de Ferrero. Claro: antes de Wimbledon, Grosjean, eliminado en Roland Garros por Vicente, se fue a jugar a Londres, a la hierba del Queen’s, donde sudó la aclimatación. Ferrero anduvo de homenajes y se entrenó en hierba artificial dos días. De ahí a... La Tumba.

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