Yo digo Quique Iglesias

Marfil por dinero

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Cyril Domoraud es un buen tipo. Sin más. De esos que gusta conocer y disgusta despedirse, como hace casi un mes, horas antes de que se marchara con la selección de Costa Marfil, y con su futuro incierto escrito en la frente. "Yo quiero quedarme", nos dijo a todos, ya casi sin tartamudeos. En Barcelona ha perdido hasta esa timidez que le hizo ser el jugador menos buscado por los micrófonos y las plumas durante toda la temporada. Conocimos a Cyril en La Cañota allá por el mes de agosto de 2002. Comía con su exuberante mujer. Su sonrisa poco podía esperar que los sufrimientos iban a ser tan grandes en tan pocas semanas. Se fue Juande, casi inmediatamente después Moya. Domoraud empezó a sentirse realmente a gusto con Javier Clemente. El vasco le puso de mediocentro y allí fue el amo. Tantos partidos sin perder, tantos empates... todos con la colaboración en el corte y confección de Domoraud.

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Total, que domingo a domingo, el marfileño se fue ganando a la grada con el esfuerzo del extranjero que no se puede convertir en ídolo con un pase de lujo (Lauridsen) o una parada antológica (N'Kono). Con Domoraud se mantiene de esa futbolista alejado de lo mercenario, entregado a la causa y que prefiere rebajar su ficha (que lo hará) a cambio de jugar. ¿Cuántos otros, y no hace falta demasiada imaginación, hubieran preferido chupar banquillo en el equipo campeón de Europa? Muchos. Él se decanta por el Espanyol y el club rebosa felicidad por los cuatro costados. Hacer guardia en Montjuïc empieza a ser incluso cómodo. Todo va viento en popa. ¿Durará? Poco. Los representantes de los no deseados están a punto de concretar su cita con Morgado y Marcó. Eso será otro cantar, ni mucho menos tan placentero.

Si Domoraud ha hecho un esfuerzo, el que deberá hacerlo a partir de ya va a ser Marcó. Será triste ver cómo se tiene uno que rascar el bolsillo para convencer a los Navas, Rocas, Boghossian y compañía de que su sitio no es el Espanyol. Veremos.

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