El último placaje
Aquella carrera en la que prefirió atropellar al zaguero inglés en lugar de evitarlo llevó a la fama a Lomu. Corría el año 1995. El gigante veloz (cubría los 100 m en 10,8 segundos pese a sus 196 centímetros de altura y sus 125 kilogramos de peso) descubrió al mundo el deporte del rugby como antes había hecho con el baloncesto un tal Michael Jordan.
Noticias relacionadas
Pero la carrera que Lomu le está echando ahora a su problema crónico de riñón es más dura y menos vistosa que aquella otra. La diálisis parece no afectar mucho a su físico (según él mismo comenta) ni a sus ganas de estar en el Mundial en Australia. Él no se cansa de afirmar que no tirará la toalla. Y lo dice alguien que ya superó muchas barreras.
Jonah Tali Lomu, cuya familia llegó de Tonga, nació en Auckland en mayo de 1975. Lleva, por tanto, el rugby en el ADN. Pero todo no fue fácil para Lomu. Criado en un suburbio de Auckland, en la escuela de Wesley College le consideraban un gigantón que nunca jugaría al rugby, deporte nacional australiano. Pero Chris Grinter, su profesor de deportes, decidió perder el tiempo con él. Siete años después debutó en un seven en el que se destapó como un ala más fuerte que los octavos rivales y un octavo más veloz que los alas contrarios. Lomu ha superado los placajes de la vida, pero hasta el mejor ala del mundo cae siempre en el último placaje.