Los ángeles béticos son Dani y Joaquín
Los puntas verdiblancos despiden la temporada con una exhibición


El día en que le dieron por fichado a Juan Pablo Ángel, Víctor Fernández se encontró con un regalo envenenado. Porque, al mismo tiempo, fue el mejor día de Dani como ariete-ariete y una danza triunfal de Joaquín, con taconeo y vaselina incluidos, por el pasillo de comedias de la defensa del Villarreal: para Joaquín, todos los días de trabajo deberían ser víspera de vacaciones. Vamos: para Joaquín, para un servidor o para usted mismo, querido lector. No para el presidente Lopera, que ya se sabe que carece de vacaciones en beneficio del Betis.
Claro que enfrente de esta sucesión de prodigios se encontraba... lo que queda del Villarreal. Lo que queda de los proyectos del Betis, ya se verá el 22 de julio. Un dirigente de tan buen sentido como Don Manuel Ruiz de Lopera, tan repleto de material allúrico (está en el diccionario: tiene que ver con con la aceleración mental) puede inferir perfectamente que con jugadores que han hecho lo que hicieron ayer no se necesita fichaje alguno. Además, ahí está Alfonso: un lujo asiático, para qué engañarnos.
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En plena sucesión de despropósitos de la media verdiblanca, partida por la mitad de Benjamín, que andaba por allí, el Villarreal se adelantó en una combinación López-Guayre. El asunto duró once minutillos, los que Unanua tardó en poner balón y cartera en manos del robagallinas Dani: fue como si en la puerta de un cajero automático de Triana o de El Fontanal le das el número de tu tarjeta al primer artista que pasa por allí. En el cajero de El Madrigal, el artista era Dani.
El petardo de Unanua le rompió el corazón al Villarreal. Después, Joaquín pensó que se llamaba Luis y sentenció el partido a balón parado,aunque enfrente no estaba Maier. Más después, Dani hizo el 1-3 en una jugada con ángel. Y con el Villarreal de cuerpo presente, Joaquín, irreverente con Farinós, se marcó una alegría de El Puerto: 1-4. Más ángel. Vacaciones. Joaquín estará hoy en la playa de Valdelagrana. Pero Don Manuel no descansa.