Yo digo Sebastián Álvaro

Ni más ni menos

Sebastián Álvaro
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¿Qué es un metro? Si se lo preguntamos a Ruiz Gallardón nos dirá que uno de sus logros estrella, un medio de transporte estupendo que lleva a millones de madrileños a sus destinos y a él, con un poco de suerte, a la Moncloa. Un metro para un alpinista, ya sea en un ochomil o en una vía de extrema dificultad, puede ser una frontera infranqueable, un abismo donde se hunden meses de esfuerzo y entusiasmo. Para un espeleobuceador puede ser peor, porque quizá marque la diferencia entre la vida y la muerte, cuando se ve envuelto en una emergencia mientras explora una cueva inundada. Pero, ¿quién inventó el metro y de qué forma ha cambiado nuestras vidas esta medida universal? Estamos acostumbrados a dar por obvios, cuando no a ignorar, logros que forman parte de nuestra vida cotidiana pero que cuando surgieron supusieron una auténtica revolución que transformó la sociedad para siempre.

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En nuestras expediciones de montaña siempre hemos bromeado con los alpinistas ingleses. Según ellos el sistema métrico es el causante de que sólo haya catorce ochomiles, porque si se midiera en pies, sólo serían tres las que superan los 28.000 pies y sin embargo habría docenas que superan los 25.000. Sin duda, en pies, la historia del alpinismo sería diferente. Además de la democracia, el Espíritu Ilustrado o la guillotina, le debemos a la Revolución Francesa el Sistema Métrico Decimal. Fue uno de sus más ambiciosos proyectos encargado a la Academia de Ciencias: medir, mediante triangulaciones, el arco de meridiano terrestre comprendido entre la localidad francesa de Dunkerque y Barcelona. Con los resultados de esa medición se establecería una nueva medida universal de longitud, el metro, definido como la diezmillonésima parte de la distancia entre el Polo Norte y el ecuador. El humilde metro, que para nosotros es tan normal, significaba para los científicos ilustrados nada menos que la luz con la que desterrar las tinieblas medievales de un mundo donde coexistían en un absoluto caos que favorecía todo tipo de injusticias y abusos por parte de los poderosos, pies, codos, pulgadas o leguas.

Un caos que, inexplicablemente, siguen manteniendo algunos países en diversos ámbitos como el de la aviación, provocando no pocos accidentes y errores que pagamos todos, olvidando la principal lección de aquella empresa que fue "para todos los pueblos y para todos los tiempos". Acaba de publicarse en España La medida de todas las cosas, en la que Ken Adler nos cuenta, con el subyugante pulso de una novela de aventuras, las múltiples tribulaciones que vivieron los dos astrónomos franceses encargados de esta medición. Pierre-François-André Méchain y Jean-Baptiste Joseph Delambre tardaron siete años en llevar a cabo una compleja misión. Gracias a estos dos aventureros de la mente, y al impulso de la Revolución Francesa, a la que tanto debemos , hoy un metro es un metro, ni más ni menos.

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