Qué rubor, papi
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Se me ocurrieron dos ideas malévolas. Primera: poner un cerrojo así de gordo en la sala y dejarles allí encerrados hasta que pariesen un pacto firmado sobre la Biblia. Me refiero, por supuesto, a los prohombres de la ACB (Portela&Senespleda), de la FEB (Segura&Sáez), de la FIBA (Baumann&Zanolin) y el presidente del mal llamado sindicato de jugadores (ABP), José Luis Llorente. Allí metidos, Sala de Actos de la Fundación Ferrándiz, a pan, agua y vídeos de Operación Triunfo, hasta que lograsen un acuerdo, el acuerdo, lo que piden, exigen, necesitan el baloncesto español y europeo, todos sus amantes y practicantes.
Segunda idea malévola: admitir que no saben, no quieren o no pueden. Dejar que se pudra la situación, que se les rompa el juguete entre las manos y esperar a que de la catarsis surjan hombres/aires nuevos, personas con deseo y clarividencia suficientes para mirar más allá de su ombligo, de sus rencillas, de sus fobias e intereses personales. De igual forma que hay ciclos para los equipos, los hay para los dirigentes. Y tengo la impresión de que varios de los actuales están gastados, o son incapaces de entenderse. La situación, insisto, exige cambios. De nombres, de hombres, de actitud, de rumbo.
