La pantera báltica
Cuenta la leyenda que cuando Adolfo Hitler, Canciller del III Reich, visitó Poltava, una de las ciudades soviéticas invadidas por el Reich, se quedó admirado ante la clase de mujeres que había en Poltava: altísimas, rubísimas, de formas perfectas y racialmente más walkirias que cualquier heroína nibelunga de Richard Wagner. Aquella visión rompió los esquemas de Hitler, que aguardaba mujeres más hirsutas: el Führer cambió radicalmente y para bien su concepto de los habitantes de Poltava...
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Pues si Hitler llega a pasarse por San Petersburgo, entonces Leningrado, y conoce a la parentela de la increíble Grigorieva, a la fascinante ciudad de Catalina la Grande quizá le hubiera sido perdonado el brutal asedio que sufrió a manos de los nazis: el poder de las mujeres.
Hace poco, en El Mundo del Siglo XXI, Umbral se rendía y definía a Anne Igartiburu como La Superchai. Para su desgracia, Don Francisco no ha coincidido con Grigorieva, la pantera báltica. En Rusia, Tatiana podía haber sido vallista, gimnasta o jugadora de baloncesto. Escogió Australia y la pértiga: su desnudo frontal en el Magazine de los Juegos de Sydney causó estupor. Una mala noticia: su marido, Viktor Chistiakov, es pertiguista y mide dos metros.
