El futbolista que lo tenía casi todo
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Todavía me sorprenden los que aseguran que Raúl, técnicamente, es un futbolista justito, mediano. Lo he oído bastantes veces, algunas más desde que Ronaldo fichó por el Madrid. Digamos que a Raúl se le reconocen más fácilmente los méritos que tienen que ver con el espíritu (raza, coraje, tesón) que los que se refieren al talento (toque, velocidad, disparo). Esto sucede porque Raúl corre o más bien porque no para de correr. Y hay quien piensa que los genios han de ser por definición inconstantes, perezosos, y no miro a nadie. En mi opinión lo que algunos consideran una vulgaridad es lo que convierte a Raúl en el futbolista más completo del mundo. Y el trabajo sucio no debería despistarnos de sus cualidades técnicas. Raúl no es sólo capaz de sumar 25 goles esta temporada (tres menos que Ronaldo, ojo), también acumula diez asistencias en Liga.
Si Raúl no ha conseguido un reconocimiento internacional comparable al de otros futbolistas (algunos inferiores) es porque, al igual que Figo, no ha cuidado su imagen pública, por falta de sonrisas, siempre ha parecido alejado, enfadado, huraño, poco accesible, justo el reverso de Ronaldo. Habrá quien me diga que a Raúl sólo le importa el fútbol, que es borde por competitivo. Puede ser. Pero al final el placer del gol es el placer del abrazo, ya sea de los compañeros o del público, es el placer de hacer algo por alguien, el equipo, la afición, los demás. No existe el fútbol para uno mismo, del mismo modo que no hay actores sin público sino Napoleones de manicomio. Quizá sea una herejía, pero Raúl me recuerda a lo que me contaron de Di Stéfano, ese futbolista total en permanente estado de cabreo mientras Pelé sonreía.