Alonso está en buenas manos
A Flavio Briatore le vemos cada domingo que hay carrera de Fórmula 1 en el puesto de mando de Renault. Con sus cascos y con su camisa azul empapada en sudor. No parece el puesto más indicado para un playboy. Un personaje como él, galán, multimillonario, que proviene del mundo de la bolsa y de la moda Benetton, dueño de las discotecas más exclusivas de Italia, presa de las revistas del corazón, que se ha paseado por el mundo del brazo de Naomi Campbell y ahora del de Heidi Klun, que ha coqueteado con Jennifer López, no parece tener sitio donde huele a gasolina y a sudor.
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Pero Briatore es como Peterman. Le gusta sentarse en el banquillo, oler el linimento. ¡Qué caramba! Para eso es el jefe de equipo de Renault. Su lugar bien podría estar en las zonas vips de los circuitos, pero no le da la gana. Le apasionan tanto las carreras que las quiere ver desde sus entrañas. Él siempre tendrá la última decisión, pero no la toma, pues para eso están sus dos directores: el técnico, Mike Gascoyne, y el de ingenieros, Pat Symond, que no se suelen equivocar. Briatore quisiera ser como Todt en Ferrari, pero todo un mundo les separa. Todt es un auténtico profesional.
Briatore, también. Pero a su manera. Él hace equipos y pone las pilas a su gente. Por eso que esté en el puesto de mando durante las carreras no es ningún capricho que quiera concederse. Tampoco le viene de ahora su pasión por la Fórmula 1, que en 1991 fue quien descubrió a Schumacher. En 1999 hizo lo propio con Alonso y le va la mar de bien. O sea, que Alonso está en buenas manos. Briatore será un playboy durante 349 días al año, pero en los 16 que hay carreras su imagen deja de ser la que nos ofrece la prensa rosa, se enfunda el mono de trabajo y se nos convierte en un hombre entrañable.
