Yo digo Juan Mora

Rossi deja a todos en evidencia

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Los pilotos son muy dados a echar la culpa a los ingenieros, a los mecánicos, de una inadecuada puesta a punto de la moto o del coche. Seguro que no les falta razón. Cuando la máquina no anda, es que no anda. Todo ha de estar tan ajustado, ser tan preciso, que un milímetro arriba, un milímetro abajo, se convierte en décimas de más o de menos en cada vuelta. Y de los neumáticos no hablemos. Hasta se les ponen calentadores para que conserven la temperatura adecuada. Nada se improvisa, todo se calcula. Cualquier detalle decide la victoria para uno, la derrota para el resto.

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Esto es así porque hoy en día hay gran igualdad entre las escuderías punteras. Eso al menos creíamos. Pero llegó Rossi ayer y dejó a todos en evidencia. Metió su moto a 160 kilómetros por hora a través de un arenal, luego por un tramo de hierba, y regresó al circuito con el motor lleno de hierbajos y de polvo, se supone también que desajustado por los botes, y con los neumáticos llenos de piedrecitas. Ocho segundos se dejó en su aventura campestre. Los suficientes para que Capirossi, Biaggi, Gibernau, Checa y West pusieran tierra de por medio con sus motos impolutas y relucientes.

Pues Rossi acabó cogiendo a todos menos a Capirossi. Y si no le cogió fue porque sólo tuvo ocho vueltas de margen para su hazaña, pero suficientes para demostrar que hay mucho cuento y que si él quisiera ganaba todas las carreras desde la primera vuelta dada su colosal superioridad. Superioridad de pilotaje, no técnica, que ya todas las motos son de cuatro tiempos y hasta las Ducati corren más. Gracias a pilotos como Rossi, como Schumacher, como Alonso, que ayer remontó al estilo Rossi, comprobamos que los hombres están por encima de las máquinas. Sólo los mejores pilotos las hacen perfectas.

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