Sus amores: Pat y Steffi
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Las manos que habitualmente mecen a Steffi Graf son las mismas que el gurú Nick Bollettieri reconoció un día de 1982, en Bradenton, Florida, como "las más rápidas" que había visto jamás. Esas manos pertenecen a Andre Agassi, el hombre que mece y embaraza el cuerpazo glorioso de Steffi: el único extraterrestre del circuito ATP que cada noche se puede recrear con cada una de las reproducciones de los cuatro Grand Slams que en el mundo son. Pero Steffi es el quinto Slam de Andre, campeón en la tierra de París, en el pasto de Wimbledon y en la perra goma sintética de Nueva York y Australia. Si este divino calvo fuera al Rocío, acababa en brazos de la Pantoja, por lo menos: eso, si Carmina Ordóñez no surge en el polving del camino.
Todo nace en esas manos de rayo que ya sorprendieron a McEnroe y Lendl en 1985, en Stratton Mountain. Manos que no mecerían cuna alguna si antes, en 1996-97, cuando Andre estaba hundido no hubieran agarrado los mandos curvos de Pat: así se llamaba la furgona galáctica con televisión satélite, cocina y cama, en la que Brad Gilbert encerró a Agassi cuando Andre estaba K. O. tras romper con Bollettieri y con Brooke Shields. Viajando con Pat por desiertos y torneos B, el punkie de Bradenton se reencarnó en el Divino Calvo. Ahí llegaron Roland Garros... y Steffi Graf.
