Yo digo Chema Bermejo

La vida le brindó otra oportunidad

Chema Bermejo
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José Antonio Pecharromán estuvo ayer en el cementerio de Almagro para llevar dos ramos de flores, de los que ganó en la Bicicleta Vasca, a la tumba de su amigo Manuel Sanroma, también ciclista manchego que falleció el 19 de junio de 1999. Tres años después, el mismo día y en la misma prueba, la Volta a Catalunya, Pecharromán también pudo morir.

Se entrenaba para la contrarreloj a rueda de un coche. El vehículo pasó por en medio de un hoyo; él se lo tragó a 70 km/h. Aterrizó de cabeza, se le torció el cuello. Le sacaron de un charco de sangre. Estuvo varios días sin recordar nada de lo que le había pasado durante los seis meses antes del accidente. Aún no recuerda cómo fue el accidente. Pero a diferencia de Sanroma, a él la vida le dio una segunda oportunidad y la ha sabido aprovechar.

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Pecha no había tenido suerte hasta hoy. Buen juvenil y amateur, Javier Mínguez le echó el ojo para llevárselo al Vitalicio, pero este equipo desapareció. Mínguez se lo recomendó a Moreno para el Costa de Almería, con el que se hizo profesional en 2000. Un año en blanco por culpa de una osteopatía de pubis de la que se operó dos veces. 2001 fue para él año de adaptación. 2002, el de las caídas, entre ellas la de la Volta. 2003, por fin la consagración.

Aunque en este año también tuvo que sufrir en abril la muerte de su padre, Diodoro, víctima de un derrame cerebral. Su padre era maestro en Coria de Cáceres, donde nació Pecha, pero las aguas del Alagón anegaron la escuela y tuvo que trasladarse a Daimiel (Ciudad Real). Pecha tenía cuatro años. El próximo martes cumple 25 y ahora se siente manchego.

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