Entente cordiale
Del Bosque va a renovar horas después de que concluya la Liga. Quizás antes, si el domingo los resultados se cruzan en favor del Real Madrid. No hay vías alternativas, salvo una solución nacional que no mejoraría lo presente. Hace semanas en AS adelantamos lo que iba a ser una tensa renovación del técnico, pero también es cierto que el camino sólo conduce hacia una entente cordiale, en beneficio del club y con el sensato objetivo de evitar incendios durante el hasta ahora estable mandato florentinista. ¿Por qué una ruptura a destiempo? ¿Con qué fin suicida el presidente daría un pase de pecho al entrenador que ha levantado dos Copas de Europa y tiene al núcleo duro del vestuario de su parte?
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A fuerza de dilatar los plazos, Del Bosque ya tiene cartas en la manga: "Si no sigo, seguiré entrenando". Pero en su fuero interno, al técnico le gustaría redondear la faena con, al menos, otro año más. No me creo, ni esas son mis noticias, que tengan problemas de dinero. El encontronazo con la cúpula del club es por razones de estilo, por la sensación que deja el míster de manga ancha ante los patinazos de sus jugadores. Galácticos y currantes, que todos meten la gamba sin el tirón de orejas que daría un sargento de hierro.
No es mi intención pisar terreno de Florentino. Pero lo veo así: el presidente renueva por una temporada a Del Bosque y después ficha, el primero de julio, a Beckham. El madridismo tendría una gran ilusión para la nueva campaña (si gana la Liga, con más motivo). Y en julio de 2004, en tiempos de elecciones, el presidente aparece con un nuevo entrenador bajo el brazo. Sin echar pulsos.