Sin Zidane, nada queda de La France
Pobres. Pobre grandeur de Francia, de La France. Si el Gran Zohra, el General de Gaulle, levanta la cabeza, la vuelve a enterrar en Argelia o en Colombey Les Deux Eglises. O esta vez se lo carga El Chacal. Ayer pasó lo que se podía intuir desde que Vicente fastidió el cumpleaños de Grosjean y reventó al gabachismo militante: la pista central de Roland Garros, la Philippe Chatrier, se rebeló contra esa némesis inexorable que la convierte en la pista reserva del CAR de Sant Cugat o del RCT Barcelona: el distinguido público parisino de la Chatrier tomó feroz partido por Fernando González: hartos de tanto español. Se presionó rabiosamente a favor de González y contra Ferrero. Porque...
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Porque su deporte, el deporte francés, quitando a ese tal Zinedine Zidane de familia argelina y a sus amigos morenos como Henry, (que han emigrado) está hundido en la miseria. No ganan un Tour desde los de Hinault y Fignon, en los años 80. Sus ciclistas jóvenes se les mueren en oscuros hoteles alemanes, no se sabe cómo. No son nadie en ese atletismo donde tanto odian a los españoles. Y menos que nadie, sin caribeños y magrebíes. Sus clubes de fútbol nada ganan. En Roland Garros, sencillamente no han existido: vendieron a Amélie Mauresmo como lo más grande que ha parido madre... hasta que Serena Williams redujo a la petite Amélie y su espalda de camionero a la dimensión de un osito de peluche. Vicente destrozó a Grosjean. Costa se paseó ante Clément, que sólo se parece a Dennis Rodman en los tintes y las gafitas. Y el pobre madridista Ferrero pagó el pato, con el apoyo enloquecido a González, que pasaba por allí.
De potra, fueron subcampeones de baloncesto en Sydney, pero España, sin Gasol, les había reventado el Eurobasket de 1999... en París. Se vengan en Ferrero. Sólo les queda Zidane. Que, para colmo, disfruta en Madrid. Qué angustia.
