Yo digo Alejandro Delmás

El saque del feo que echó al más guapo

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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En el verano de 2001, Martin Verkerk apenas sabía volear, no se perdía nada de la Fórmula 1, y en su pueblo de residencia, Alphen en el Rin, le llamaban El Chico de Halloween. No por nada, sino por las fiestas que Martin montaba en sus cumpleaños, cada Noche de Halloween. Ahí sacaba esa vis cómica que ayer le sentó a Charly Moyá como azufre en el café.

Menos de dos años después, Martin ya ha ganado su primer título en el Circuito ATP (Milán, febrero 2003): con un saque-cañón generado en sus 191 centímetros de altura y que se acelera hasta 215 km./h. Pero el saque y las dotes de payaso del feo Verkerk han hundido al guapo artista Moyá en la tierra de Roland Garros con tanta estridencia como la percusión bruta de un impertinente martillo neumático.

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¿A quién gesticulaba Verkerk durante su demolición de Moyá en la pista Suzanne Lenglen? ¿A su novia, a su padre? No: a su entrenador, el neozelandés Nick Carr, el hombre que se lo llevó a Australia en 2001 para enseñarle a ligar el monstruoso saque con una volea decente. "Aún no sé dominar todos los pasos de la volea, pero lo que soy ahora se lo debo a Nick y a los dos años que llevo a cinco horas diarias de entrenamiento: me está dejando calvo", dice Verkerk.

Cierto: en las fotos de 2001, Martin tiene melena: pero no tenía volea. Prefería jugar... en tierra. Adoraba a Van Nistelrooy y a la F-1, pero casi ayer mismo perdía con Feli López en Tokio y con Robredo, en Montecarlo. Ahora, el feo, vestido de Puma, como Johan Cruyff, martilleó al guapo: se había entrenado.

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