No nos van a perdonar
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Aviso a navegantes: la conversión de Roland Garros en la pista suplente del CAR de Sant Cugat puede traer consecuencias no deseadas. Hace días, cuando Vicente machacó a Grosjean en el cumpleaños del marsellés, L´Equipe publicó un chiste interesantísimo: en él, Grosjean se despeñaba por una montaña imponente ante la consternación de dos paseantes. Pregunta del diálogo: "¿Ha querido escalar el Everest?" Respuesta: "No, sólo eran los Pirineos". Una gran bandera roja y gualda presidía la infranqueable montaña: un aviso.
Y me dirán. ¿Por qué es un aviso? Y respondo: ésta es la primera etapa de la enfermedad llamada cabreo gabacho chauvinista con españolitis aguda. Sus primeros síntomas son los del chiste: estupor o asombro complaciente. Pero luego dirán: "Por qué coullons nos tienen que ganar siempre estos tíos a casi todo? ¿Qué toman, qué hacen, qué les dan...?" Por esa secuencia han pasado Indurain, los maratonianos y el gran Luis Ocaña, que era para L´Equipe el Español de Mont de Marsan cuando ganaba y el espagnol a secas si perdía. Tras lo de Grosjean, Costa ha barrido a Clement. Y Robredo está iluminado: con mejor saque, habría atomizado a Kuerten. Vienen curvas: a Francia no le gusta que su templo de Roland Garros sea Sant Cugat. Y no lo va a perdonar.
