A Segunda, entre diluvio y lágrimas
Un gol de Fernando firmó la sentencia del equipo de Aranguren


El Alavés descendió a Segunda entre rayos, truenos, centellas y aguaceros. Llora Vitoria. Hecatombe. Pero todo junto puede considerarse una señal del cielo, como los mensajes que llegarán en vísperas del Apocalipsis (se supone). En realidad, fue parte del llamado Milagro de Don Manuel: Ruiz de Lopera, el presidente bético, cuya canonización superó nuevas pruebas.
Milagro I de Don Manuel: grandes señales del cielo, además de los truenos y los relámpagos: el Betis ganó al Alavés sin Alfonso... y con Belenguer. Con Belenguer de central, y Filipescu de lateral: lo más grande desde Girón, Quino, Landa, Dioni y Rogelio.
Milagro II. No: prueba II de la condición beatífica del presidente verdiblanco: el Betis ganó un partido bajo el arbitraje de Rodríguez Santiago, lo que no ocurría exactamente... desde 1998, antes de la reclamación ganada al Valladolid por lo de Harold Lozano. Ora pro nobis, Don Manuel.
Milagro III. Nueva evidencia en favor de Don Manuel: al Alavés le perseguía una conjuración celestial, contra la que no cabe remedio en este mundo. ¿Qué puede hacer un humilde equipo de Vitoria-Gasteiz contra alguien que invoca en su favor al Cachorro de Triana,al Gran Poder y a la Virgen del Rocío? Pues rendirse y llorar a lágrima viva, como hacía Karmona en la segunda parte: Karmona es Karmona, y Don Manuel habita en la Puerta de Carmona, la de verdad, la cheli.
Con todo y eso, el Alavés no puede tener otro castigo que el purgatorio: porque es imposible que en Segunda pueda tener un equipo tan descompuesto como el de estos últimos meses. Aun así, hicieron falta todas estas señales del firmamento para que Mendizorroza llorara el descenso en un escenario aterrador, como de Viernes Santo.
El Betis de Belenguer, menos Alfonso, obviamente, y casi sin Arzu ni Capi, se bastó para controlar el caos ante los espectros blanquiazules. Joaquín enarboló la espada de fuego que cortó las melenas del desmelenado Llorens. Y el ejecutor Fernando firmó la sentencia divina que expulsaba del paraíso a los desdichados pecadores de Aranguren, entre el llanto viril del gran Karmona.
Pero aún no hemos hablado del verdadero Milagro. No: porque, si después de todo este Betis juega la UEFA, ya no hace falta buscar sucesor a Juan Pablo II: está en la Puerta de Carmona y se llama Lopera.
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