Aquí puede pasar casi de todo
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Si a Olivier Panis le hubieran dicho que algún día iba a convertirse en el ganador del GP de Mónaco, quizá ni él mismo se lo hubiera creído. Pues este francés que ha subido a lo más alto del podio de un gran premio una vez en su vida lo hizo precisamente en la Meca del automovilismo. Fue en 1996 en una carrera que acabaron seis coches y sólo tres de ellos en la misma vuelta. El caos, vamos. La anécdota podría parecer irrelevante en el contexto de una competición que se ha disputado en 49 ocasiones desde 1950, pero no lo es. Más bien al contrario. Desvela bien a las claras que cualquier pronóstico puede resultar arriesgado cuando se trata de correr por las calles de Montecarlo, rodeados de guardarraíles, sin escapatorias, sin posibilidad de adelantar, con el riesgo inminente de colisión y con el mar marcando los límites del circuito. ¿Una locura? No debe serlo tanto cuando los pilotos son los primeros entusiastas de competir en el Principado.
Por todo esto la carrera de hoy es como para no perdérsela. Mónaco siempre es un espectáculo digno de seguimiento, pero ahora con Alonso debería ser casi obligatorio verla por la tele para poder cobrar la devolución de la declaración de la renta. Dice el asturiano que tiene buenas sensaciones. Nosotros también. Montecarlo es un trazado de los catalogados de piloto y Fernando lo es con mayúsculas. Ahora bien, tampoco nos rasguemos las vestiduras si las cosas no salen como deseamos. Mónaco es como un casino gigante y la victoria nunca tiene cláusula de garantía.
