La EPO... y su familia
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La EPO, la célebre eritropoietina sintética o exógena, encierra en sí misma variantes y contradicciones. Como se trata de un asunto que levanta ampollas y sensibilidades, intentaremos contextualizar hechos y situaciones objetivas que no pueden levantar sino pasmo. Punto uno: lo que hace la EPO es aumentar artificialmente la producción de glóbulos rojos, espesando la sangre, con riesgo de accidentes vasculares. Es gasolina super para atletas de gran fondo, no para velocistas.
Dos: la EPO se receta a los enfermos de cáncer, como a Lance Armstrong en su momento, para reamunicionarles de los glóbulos rojos que les quita la quimioterapia. El efecto más importante de la EPO o su hermanita, la darbepoetina, la de Muehlegg, es ese engordamiento de la sangre, con subida de hematocrito. Casi calcado a los entrenamientos prolongados en altura, que alzan el hematocrito por hipoxia o falta de oxígeno: lo que pasa en Kenia o México... o con las cámaras hipobáricas y normobáricas. ¿Cómo se puede diferenciar una cosa de otra? En 1972, el finlandés Lasse Viren arrasó en el gran fondo de los Juegos de Múnich. Años después, Viren reconoció que había corrido los Juegos tras recibir transfusiones de la sangre que había liofilizado cuando se entrenó en altura. Pero sigue con las medallas. Y...
