El Rayo se siente ya de Segunda
Osasuna le deja al borde del descenso. Daudén Ibáñez salió protegido

Osasuna azuzó las ascuas del infierno, donde el Rayo está a punto de quemarse. El equipo vallecano tiene pie y medio en Segunda División. Basta con que el cuadro navarro, su rival de ayer, obtenga dos puntos más para que se consume el descenso rayista, independientemente de los resultados que obtenga el conjunto madrileño en las tres jornadas que restan.
No deja de ser curioso que dos equipos que luchan por eludir el descenso tarden algo más de cuarenta minutos en realizar el primer disparo a puerta. Claro, que eso explica por qué Rayo y Osasuna son los conjuntos menos realizadores de Primera. Fue Morales quien tuvo el honor de ser el primer jugador que encontró portería y eso sucedió ya en el minuto cuarenta y cuatro.
Iriondo cambió de sistema táctico, pero esa circunstancia no se tradujo en dominio para el cuadro franjirrojo. Rombo en la medular, con constantes cambios de posiciones entre sus componentes, y dos delanteros fue la variación del Rayo, que, sin embargo, tardó en coger el ritmo del partido. El técnico de Osasuna, Javier Aguirre, optó por la altura, por los jugadores con más centímetros, sabedor de que en Vallecas puede estar el balón más tiempo por el aire que a ras de césped. Pero el cuadro navarro, tampoco encontró la vía apropiada.
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El Rayo no lo hizo hasta la segunda parte, hasta que Peragón quiso sorprender a Sanzol con un disparo cruzado a los treinta segundos de la reanudación. A partir de ahí, llegaron todos seguidos. El Rayo apeló a la heroica, pero entonces se encontró de cara con Sanzol. La soga le apretaba ya el cuello y quiso deshacer el nudo por la tremenda. Pero éste se enganchaba y Osasuna se esforzaba en apretarle más. Daudén Ibáñez también contribuyó a cortarle la vía de respiración cuando expulsó a Iriney y le dejó sin su jugador más lúcido. Salió protegido por la Policía.
La voluntad no fue suficiente para que el Rayo alimentase la débil llama con la que aún mantiene la esperanza. La Segunda División aporrea su puerta y eso que ni Valdo ni Palacios, que mandó un balón a la parte superior del larguero, acertaron a derribarla por la fuerza cuando el Rayo, exhausto por el esfuerzo, dejó demasiados huecos en la zaga. Un gol en contra le podía haber mandado a Segunda, pero el empate le acerca más que alejarle.
