"Donato es gallego, pero añoro a Arsenio"
El céltico Antón Reixa y el deportivista Manuel Rivas abrieron el derby en una tertulia con AS como testigo

Antón Reixa: Soy asmático y veía a los chavales jugar desde la ventana. Para mí el fútbol era una agresión al cuerpo humano.
Manuel Rivas: A mi padre no le gustaba el fútbol. Militaba contra él. Cuando llegaba el Depor-Celta nos llevaba a plantar a una huerta. Yo era mal jugador, pero corría mucho, siempre quería ganarle al balón.
A. R.: Pues mi relación con el Celta ha pasado por tres fases. La primera, marcada por la filosofía del perdedor. En Segunda, con las promociones. Fue una etapa demasiado melancólica. Luego llegó la de la mediocridad. "Hacemos lo que podemos" ... Era una filosofía de centro-derecha y yo me estaba haciendo rojo. Me alejé del Celta. Y ahora disfruto del cosmopolitismo del Celta. Pero el fútbol me ha creado alguna situación incómoda. La rivalidad debe ser irreconciliable en lo futbolístico, pero no llevarlo al matiz antropológico.
M. R.: Aquí las aficiones son más laicas. La del Celta es la burguesía del pez y la del Deportivo es la textil y financiera. De pequeño me sorprendían unos aficionados de Riazor que aplaudían al rival. ¡Cuánta tolerancia!
A. R.: La adhesión incondicional es buena, pero la fundamentalista, no.
M. R.: Es la memoria del hambre. A mí lo que me crea contradicción es la falta de cantera y el cosmopolitismo. La falta de cantera refleja una decadencia de la autoestima.
A. R.: A mí el cosmopolitismo me encanta. Fíjate que yo veo a Donato gallego... Pero al que echo de menos es a Arsenio. Con él entendía mejor al Deportivo. Yo conocí a Horacio cargando camiones y ha llegado lejos. Una historia muy celtista. Y en el primer hotel que viví en A Coruña me aplicaron la tarifa Irureta, porque allí vivía también Jabo.
M. R.: Siempre recordaré a las dos aficiones unidas entonando el Nunca Mais. Por eso creo que la alegría por la derrota del rival es algo secundario aquí.
A. R.: La afición de Vigo tiene un punto de traidora que me gusta. Cuando los resultados no acompañan, le dan la espalda al equipo y al fútbol. Lo que demuestra que el fútbol no es lo suficientemente importate aún.
M. R.: Fíjate que la única vez que pisé Balaídos fue para ver a los Rolling Stones.
A. R.: Pues yo cuando voy al fútbol, no me enteró del partido, porque me fijo en los detalles...
M. R.: El fútbol es la vida condensada en 90 minutos. Yo tengo una relación territorial con Riazor. Algo atmosférico. Es como una nave varada en la playa. En los desastres del Depor recuerdo a la gente mirando al cielo, a las gaviotas, al viento frío del mar acuchillándote los riñones...
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A. R.: Todos sabemos que el futuro en el fútbol de los gallegos es ser presidente. Es broma. Sería la leche un Celta-Depor en la final de la Champions.
M. R.: Sí y fuera, para emigrar.