Volver a la vida
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Por fortuna hay veces que conseguimos ganar la partida. Lo peor de una vida dedicada a la aventura extrema es la cantidad de amigos que pierdes. Cuando me enteré de que alguien que bajaba del Kangchenjunga había sufrido un accidente, comprendí que sólo podía ser Carlos Pauner. Marqué el teléfono de su compañero y amigo común Silvio Mondinelli. Irradiaba felicidad porque habían recuperado a Carlos cuando ya le daban por perdido. Luego Carlos, con voz tranquila, me contó que ha sido una bajada al límite de la supervivencia.
Son muy escasas las posibilidades de sobrevivir una noche al raso en la frontera de los ocho mil y menos aún en medio de una tormenta. Pero Carlos no es un novato. El año pasado ya vivieron él y Silvio una bajada muy dura en el Makalu. Y antes había descendido en peores condiciones del Broad Peak. En 1997, con Al Filo y en el mismo Kanchen, se tuvo que retirar. La alta montaña es así de dura y exigente. El Kangchenjunga (8.586) es poco conocida pero muy temida por los especialistas que sabemos calibrar su dificultad y el nivel de compromiso y riesgo que hay que asumir en ella. Así que volvemos a respirar felices. No por creer que nuestros amigos han podido con el Kanchen. No somos tan ilusos. Es porque volvemos a tener a Carlos con nosotros.
