Yo digo Sebastián Álvaro

Ladrón de sueños

Sebastián Álvaro
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Señores de Scotland Yard, lo confieso: el hombre que buscan soy yo. Bueno, no es del todo cierto. Pero sí me acuso de envidiar al escurridizo ladrón de mapas antiguos, del que ayer daba cuenta el diario El País y que la policía británica ha situado entre los 10 delincuentes más buscados de la nación. En realidad somos muchos los que amamos los mapas. Me imagino con él en una soleada habitación acariciando esos tesoros del conocimiento que nos hablan de épocas remotas y de sueños de aventura. Por supuesto que esta broma no quiere justificar el acto de latrocinio que este delincuente ha perpetrado contra todos. Porque esos mapas pertenecen a la sociedad como parte substancial de la civilización y Peter Bellwood, que así se llama el ladrón, ha sustraído al menos mil mapas antiguos en librerías, bibliotecas y museos de toda Europa para vendérselos a ricachones sin escrúpulos sobre todo de EE.UU y Oriente Próximo.

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Los mapas, antiguos o modernos, son mucho más que un mero instrumento. Abrir un mapa es abrir una ventana a la imaginación. Muchos seguro que comparten mi recuerdo de un ajado mapa colgado en la pared del aula por el que huía de la aburrida rutina en cuanto podía. Un viaje comienza de verdad cuando despliegas uno sobre la mesa y comienzas a elucubrar. La aventura siempre es, antes que nada, una aventura de la mente, cuando paseas el dedo sobre un mapa para comenzar a sentir el paisaje que te espera. Lees los nombres para dejarte llenar con su sonoridad exótica. O lo que no te dicen, lo que te ocultan, lo misterios que te susurran. Por ello no hay frase más emocionante a la que puede aspirar un explorador, que aquella que Mallory le dirigiera a su mujer cuando se dirigió al Everest en 1921: "Nos estamos saliendo del mapa". Los mapas antiguos tienen además el valor supremo de hablarnos de cómo pensaban nuestros antepasados. Cuál era su idea del mundo que les rodeaba, qué les atemorizaba, qué soñaban y de cómo hemos ido evolucionando.

Los mapas de Ptolomeo mostraban por primera vez cuál era el mundo antiguo y donde estaba colocado. Muchos de aquellos accidentes geográficos, como las Montañas de la Luna, mantuvieron el espíritu aventurero hasta principios del siglo XX. Los mapas antiguos son ventanas a la imaginación tanto como a la realidad. Ahí radica su encanto. La orientación al norte, las cadenas montañosas y los ríos, la longitud y la latitud, fueron alcances impresionantes que hicieron avanzar la geografía y otras ciencias. La cartografía es una ciencia, pero al tiempo también puede ser un arte que se preocupa de la belleza estética tanto como de la exactitud científica de sus obras. Por ejemplo mapas como los del Everest o el del McKinley son obras de arte. Los mapas nos acogen mucho antes de que lo hagan los territorios que representan. Por eso entiendo a este londinense, en realidad es un ladrón de sueños.

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