La mujer tiene sitio entre los mejores
Annika Sorenstam se dispone a jugar el Colonial de Fort Worth, que es torneo serio, pues pertenece al circuito de golf de la PGA, siglas que responden a la Asociación de Golfistas Profesionales. Vamos, los mejores del mundo sin distinción de sexos. Ocurre que como todos los mejores son hombres, existe la versión femenina de la asociación. Pero Annika ha pedido una invitación para jugar un torneo de la PGA. Tiene todo su derecho a reclamar un sitio entre esos mejores. La única manera de saber si lo tiene es jugando. Y lo hace en absoluta igualdad de condiciones. Sin hándicap alguno.
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En el circuito de la PGA participan 300 jugadores y con que Annika gane al último estará más que justificado que dispute futuros torneos. La categoría femenina en los deportes se creó dado que, físicamente, la mujer presenta claras diferencias con el hombre. Pero resulta que esas diferencias se van reduciendo, y hay que ir contemplando como un hecho natural que la mujer quiera, no retar al hombre, sino competir en la categoría donde están los mejores deportistas del mundo, cuyos primeros puestos están ocupados hasta la fecha por hombres. Annika puede sentar esta semana un precedente.
Que la mujer sea físicamente inferior al hombre es un hecho discutible. Podrá serlo a cien, a mil hombres, pero superior a millones. En las maratones populares hay cientos de mujeres que llegan a la meta antes que miles de hombres, lo que se contempla con absoluta naturalidad pues la mujer no es vista como tal, sino como un corredor más. Y a nivel de élite, el récord de Paula Radcliffe es superior al masculino de más de un centenar de países. Si ésta jamás sería última en una maratón olímpica, Annika tampoco quizá lo sea en un torneo PGA. Ella ya ha elegido: prefiere no ganar a sentirse discriminada.
