El toro pone a cada uno en su sitio
El martes, en Las Ventas, Raúl Velasco realizó un gesto que es todo un ejemplo para la sección de baloncesto del Real Madrid. Raúl Velasco, tras estoquear a su segundo novillo, pidió unas tijeras a su mozo de espadas, salió a los medios y públicamente se cortó la coleta. Su honradez hizo sentir un escalofrío a toda la plaza y el 7, puesto en pie, ovacionó su gesto. Raúl Velasco había fracasado con un novillo que llevaba un cortijo en los pitones. Oportunidad igual no tendría en su vida. Por eso decidió poner fin a su carrera. Se retiraba, porque el toro había dejado en evidencia sus carencias.
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El Madrid, en el deporte, es un toro. Un toro de los de verdad, con casta y trapío, ante el cual o se triunfa o se fracasa, pero jamás se pasa desapercibido. Y ese toro que es el Madrid se ha llevado por delante a todos los que aceptaron el reto de lidiarlo esta temporada. Consumado el fracaso de todos sus lidiadores, ninguno ha tenido el gesto, como Raúl Velasco, de reconocerlo. Todos quieren una segunda oportunidad. Ya la tuvieron y la desaprovecharon. En la Liga, en la Copa y en la Euroliga. Y lo tenían fácil porque nadie exigía títulos, sino nada más que honradez, disposición y lucha sin cuartel.
Los jugadores no dieron lo mejor de sí mismo, a los técnicos se les fue el equipo de las manos y los directivos hicieron de don Tancredo. El resultado de la mala lidia de todos ha sido dejar sobre el ruedo un toro resabiado, sin apenas ya faena, y a ver quién es el guapo que ahora se atreve a meterle mano. Imbroda, Lolo Sainz y los jugadores con contrato en vigor dicen que ellos sí se atreven, que siguen. Así cualquiera. Peor que este año ya no lo pueden hacer. Pero qué pena que ninguno haya tenido el gesto torero de Raúl Velasco. Este toro les ha venido grande y no han tenido la dignidad de reconocerlo.
