El país del descontrol
El caso de Alberto García empieza a parecerse al de Johan Muehlegg y tiene ciertos puntos de contacto con el de Carlos Gurpegui. Bajo esas sombras, el atletismo y el deporte español se dan de bruces con una realidad pasmosa: éste es el país del descontrol. Literalmente.
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Pascua sostiene que "debe despenalizarse todo aquello que se pueda comprar legalmente en farmacias". Pero la EPO sintética (la más sofisticada es el AraNesp), sólo se puede dispensar teóricamente bajo receta hospitalaria. Y si se compra en farmacias, o vía Internet es saltándose la prescripción. Pero se compra, claro: como si fueran armas o heroína: descontrol. Del estanozolol de Ben Johnson, el célebre Winstrol, y la impune somatotropina, la hormona del crecimiento, para qué hablar: se compran... porque se venden.
El descontrol en torno a García recuerda mucho a lo de Muehlegg: oficialmente, los responsables médicos de Alberto son los de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA), bajo la jefatura de Juan Manuel Alonso. Y automáticamente, los servicios médicos de la RFEA se declaran inocentes de toda manipulación fraudulenta. Hay medios que destacan la cercanía de Alberto al médico madrileño David López Capapé, ex atleta y buen amigo del vallecano. Otros recuerdan la buena amistad de su representante, José Alonso, con el canario Eufemiano Fuentes: más descontrol. Nadie recuerda oficialmente cuándo fue la última vez que Alberto pasó un control de sangre en España. Atando cabos, debió ser hace cuatro o cinco meses. No se sabe realmente cuándo, porque no hay ley que lo exija, como en Italia o Francia. Los laboratorios se esconden y hablan de controles no negativos. Y aquí estamos: Muehlegg, Gurpegui, Alberto: descontrol.
