Un susto sin mayores riesgos
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Sentir una llamarada a tu espalda y verte rociado de repente por los extintores no debe ser una experiencia agradable. Por eso no extraña que Michael Schumacher se quedara ayer como paralizado en el habitáculo de su Ferrari tras el conato de incendio durante el repostaje. Sorprendido, atónito y, también, retenido por los arneses que le anclan al monoplaza . Él se lo tomó con buen humor: "Pensé que mis mecánicos creían que tenía frío y quisieron calentarme". Pero el susto no se lo quita nadie, seguro, a pesar de que los riegos reales fueron mínimos.
Hollywood nos tiene acostumbrados a coches saltando por los aires envueltos en llamas. Espectacular como escena cinematográfica, tanto como poco probable en lo cotidiano. La gasolina es inflamable, pero para que se produzca una explosión deben darse una serie de condiciones que, desde luego, son casi utópicas en la Fórmula 1. Un epígrafe completo del reglamento técnico de los grandes premios define los sistemas de seguridad obligatorios para los depósitos, conductos, bocas de llenado y bombas de repostaje utilizados por las escuderías. Por ejemplo, todos los compartimentos deben ser estancos en su cierre, incluyendo el automático de las canalizaciones; también cada una de las piezas metálicas implicadas en el repostaje debe contar con tomas de tierra para evitar que la electricidad estática provoque chispas de ignición. Lo de ayer de Schumi fue un fallo del equipo y uno de los momentos más emocionantes del GP de Austria, pero llamarada al margen todo estaba bajo control. De otro modo, los boxes serían un auténtico polvorín... ¿Se imaginan?
