Más catenaccio
El Valencia privó al Depor del liderato con un planteamiento ultradefensivo y aprovechando los errores locales atrás

Rafa Benítez se quitó la careta anoche. "El fútbol del Inter vaciará los estadios", dijo la noche que Cúper le dio a probar su propia medicina. El fútbol del Inter... y el de su Valencia. Porque mientras otros proponen paredes, él construye muros. Barreras que ofenden por lo que defienden. Pero Benítez, afín a las apologías catenaccistas de Sconcerti, amuralló su área con Marchena, Albelda, Pellegrino, Djukic (el Cardeñosa de Riazor), Ayala y Carboni. Y apuesta por ello en lugar de darle protagonismo a Aimar, Vicente o Fabio Aurelio. Anoche ganó porque el Depor se empeñó en mostrar su alarmante endeblez defensiva, equiparable a la del Real Madrid.
El partido arrancó italiano: rigor defensivo, vigor físico y temor táctico. Benítez alineó cuatro centrales, con Ayala abrochado a la banda por obligación, y sacrificando a Baraja (un Makelele en defensa y un Poyet en ataque). El cartel anunciaba un pulso entre las aptitudes ofensivas deportivistas y las actitudes defensivas valencianistas.
El minuto inicial ofrecía la habitual patada de ablande a Valerón. Albelda, el amigo de Zidane, fue amonestado. El planteamiento del Valencia, tan arisco como lícito, desnudó las limitaciones defensivas coruñesas. Y lo hizo porque por mucho que mandes a Aimar, Fabio Aurelio y Vicente a dar pelotazos, acaban jugando al fútbol. Lo primero que quedó claro fue que Hierro no está solo, Donato está con él. O como él. Y no es el único. A los 13 minutos un doble regalo al corazón del área de Manuel Pablo y Juanmi fue cabeceado por Fabio Aurelio a gol. Benítez sonreía socarronamente en el banquillo y a su espalda se le adivinaba la sombra de Cúper.
Secuestrado el fútbol, Aimar y Valerón acudieron a su rescate. La paciencia del primero y la clase del segundo aliñaron una ensalada incomible. Un centro-chut envenenado de Víctor desde 35 metros, una volea de Aimar y un cabezazo desviado de Makaay fueron lo más peligroso de la primera parte.
Castigo merecido. La segunda parte castigó el planteamiento de Benítez con el enésimo gol vital de Donato, aunque esta vez no entró. El tanto enchufó al Depor al encuentro con una inyección de adrenalina que disparó la velocidad de su juego. Eso ocasionó un par de intervenciones decisivas de Cañizares a disparos de Makaay y cabezazo, de nuevo, de Donato. Y entonces apareció, también de nuevo, la torrija de la defensa. Manuel Pablo se durmió y Fabio Aurelio le madrugó un balón para batir a Juanmi en el mano a mano. El partido, que amaneció italiano, atardecía argentino (caótico, desequilibrado y suicida). Luque se arrimó a Makaay, Duscher se quedó solo en el mediocentro y Manuel Pablo purgó sus fallos en el banquillo. Riazor empujaba los ataques en oleadas de su gente. Luque, Valerón, al que agarraron en un remate, Amavisca... El Valencia se mostró como un buen equipo, ordenado, disciplinado, con buenos jugadores y que sabe a qué juega. Pero a su entrenador le faltó vergüenza torera. La diferencia entre aquel Inter y este Valencia es que a los italianos les salva Toldo, pero Ayala, Aimar, Pellegrino, Albelda y compañía son mejores que Materazzi, Gamarra, Cristiano Zanetti o Di Biagio. Se busca líder. Y se busca fútbol.
EL DETALLE
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Un gol que no lo fue
El tanto del empate en el minuto 47 de partido fue un gol fantasma que parece que no lo fue. Rubinos no quiso consultar a su asistente.