Hasta nunca, señores
Las revoluciones, como los partos, necesitan sangre para completarse. Ayer, el basket español completó su revolución particular. La cabeza de su monarca absoluto, Real Madrid, ha rodado bajo la guillotina. En 1998, el TDK Manresa dio el primer aviso de cambios radicales, al proclamarse campeón tras 41 años en que sólo tres equipos se repartieron todos los títulos. Ayer, en Lleida, llegó el vuelco definitivo de la historia, con la eliminación, naufragio y hecatombe del Madrid.
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La caída en el abismo ha sido vertiginosa. Al principio, Valdano e Imbroda hablaron de "recuperar identidad, colocar de nuevo al Madrid como equipo de referencia". Luego se dejó en "temporada de transición". El balance final es masacre absoluta, incompetencia, bochorno y ridículo. El Real no sólo quedará fuera del playoff por primera vez, sino que se ha quedado sin plaza en competiciones europeas.
S ergio Scariolo, en la peor campaña de siempre, dejó al equipo en quinta posición final. Con Javier Imbroda ha caído al décimo puesto. Se impone presentar la dimisión y quedar a la espera de que el club le ratifique o no la confianza. Es evidente que hay que empezar desde cero absoluto. Tan espantoso es lo ocurrido como el vistazo al futuro inmediato. La situación tiene muy difícil arreglo, no sólo en lo económico (los ingresos serán ridículos) sino en lo deportivo. Apenas tres jugadores parecen válidos para un nuevo proyecto. Y, encima, Lampe, perla de la cantera, quiere irse a la NBA.
