Descalabro total
El Real Madrid cayó con estrépito en Lleida y por primera vez en su historia queda fuera de la lucha por el título. La próxima campaña no jugará en Europa.


Se confirmó el batacazo blanco. Enorme y estruendoso. Se intuía ya mediada la temporada, aunque comenzó a fraguarse en julio pasado. Entonces se destituyó a la carrera a Sergio Scariolo con un mes de retraso y se contrató, también a la carrera, a Javier Imbroda, comprometido con la Selección hasta más de dos meses después. Es decir, mitad de septiembre.
La suma de despropósitos en la sección y la falta de responsabilidad del club ha logrado lo impensable. Rizar el rizo. El año pasado el equipo igualó su peor actuación de siempre; en este, se ha superado. Eliminado en cuartos de la Copa, en la primera fase de la Euroliga y décimo en el campeonato liguero. Dos puestos alejado de la lucha por el título por primera en su historia. Y fuera de Europa para la próxima campaña (hasta el noveno podría haber tenido plaza en la Copa ULEB). Al margen de solera y tradición, batacazo económico. Muchas estrellas harán ahora oídos sordos a los piropos blancos al saber que no jugarán en Europa.
Tras 33 jornadas, el Real Madrid debía recuperar en Lleida los atrasos. Demasiada carga para un equipo que tuvo una puesta en escena "derrotista", en boca del propia Imbroda. Tras un triple de Victoriano que situaba el 2-7 en el marcador, llegó la debacle. Brazos caídos, huelga en defensa. Escopeta de feria en ataque. 21-13 al final del primer cuarto. 53-33 al descanso, con dos triples consecutivos del Lleida, el último de Roger Grimau sobre la bocina, a tabla y desde su propia cancha: 15 metros más o menos.
Revancha Angulo
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El rodillo ilerdense no paró, quería despedirse a lo grande de su incondicional afición. La diferencia máxima llegó a los 24 tantos (61-37, minuto 24). Hubo quien, como Alberto Angulo, parecía tener cuentas pendientes. El aragonés salió del equipo porque no contaba para Imbroda y ayer luchó como un jabato por cada balón. Se pegó con su hermano Lucio y con su íntimo Herreros. Al final, con la presa cazada, no dejaba de sonreír. Respiraba felicidad. Mientras, Lucio se tapaba la cara en el banquillo. De pura rabia, de tristeza. Un contraste descarnado. La cruda realidad.
Ahora en la Casa Blanca toca reflexión, y probablemente revolución. Es la hora de Lolo Sainz, y de que el club reaccione, como reclamaba ayer el mítico Carmelo Cabrera.