De Sócrates a Samaranch
Capítulo I: este Sócrates no era el que jugaba en la selección de Brasil, sino el estoico que enseñaba... Ética, con mayúscula y prefirió beber la cicuta antes que renegar. Ay, qué palabra: Ética. ¿La ética de los que todo lo sacrifican a la Coca Cola de Atlanta, la ética de los que inventan acuerdos que no existen, la ética de los que sobornan y se dejan sobornar en Salt Lake City, la ética de quienes fabulan estudios, pabellones y reportajes y que matarían por pura y simple envidia...?
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Capítulo II: aunque Sócrates enseñaba Ética en Atenas, la real Ética, la de hoy, era la de los espartanos, con más disciplina de voto que la Juventus de Lippi: de dos mellizos, la ley obligaba a despeñar al más débil por el Monte Taigeto. El más fuerte iba a la krypteia, la temible guardia secreta de Esparta.
Capítulo III. Samaranch y su guardia espartana, que incluye a Rogge. Ellos velaron por la pax olimpica que generó grandes espectáculos: la inolvidable final de 100 metros de Seúl, la inolvidable secuencia de escándalos de Salt Lake City, o los inolvidables Juegos de Barcelona. O el inolvidable cambalache que llevó a Atlanta, no a Atenas, los lamentables Juegos de 1996. Epílogo: los Juegos de 2004 serán una maldición olímpica, pero serán en Atenas. Pobre Sócrates.
