Olimpismo | Grecia 2004

El COI reconoce el caos de Atenas

Los miembros del Comité Olímpico Internacional admiten que las cosas no van como debieran. El único que está tranquilo es Spyros Capralos, el organizador

<b>Y ENCIMA SE RÍE...</B> Fotografía tomada ayer en el Palacio Municipal de Congresos, donde se reúne la Convención Internacional de Deporte. Spyros Capralos, el Director Ejecutivo de Atenas 2004, mira el diario AS del miércoles, en el que se recoge el retraso espectacular de las obras para los Juegos. Al mandatario griego, a pesar de la intranquilidad del COI, parece no inquietarle la gravedad del problema.
Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

Antología de peligrosas frases diplomáticas: "Utilizaremos los medios necesarios para resolver la crisis". Es decir, iremos a la guerra. "Hemos sufrido daños colaterales". O lo que viene a ser lo mismo: nos hemos pegado tiros nosotros a nosotros mismos. "Confiamos en nuestros amigos griegos a pesar de que las obras olímpicas van retrasadas". Traducción: nuestros amigos griegos nos tienen asustados, con un no sé qué en la garganta.

Un acongojamiento. Sin aliento, vamos. Evidentemente, hay que perdonar la comparación entre la guerra pura y dura y unos Juegos Olímpicos, que no pasan de ser una guerra deportiva. Que no es lo mismo la lucha en el campo de batalla que en una cancha de baloncesto, una pista de atletismo o un campo de fútbol.

Pero diplomacia es diplomacia, como fútbol es fútbol, y ayer en Madrid ninguno de los participantes en la Convención Internacional de Deportes arrojaba piedras contra los organizadores de Atenas, pero todos fruncían el ceño cuando se les preguntaba por el retraso de las obras, para luego decir que sí, que evidentemente las cosas no iban como deberían ir, pero que no había problemas, porque los amigos griegos (expresión repetida mil y una veces) arreglarían las cosas a tiempo.

Falta un año. Y eso que queda un año y poco más para que se entone el himno olímpico en la capital de la Hélade, 108 años después de que se restaurasen los Juegos de la Era Moderna gracias al barón Pierre de Coubertin. De puertas afuera los amigos griegos son los amigos griegos; de puertas adentro, ha habido rapapolvo.

Campanas a rebato: el tiempo se acaba, las obras no se acaban, las fotografías denuncian una ciudad patas arriba, como si un montón de B 52 la hubieran derruido.

Lo más extraordinario fue la actitud de Spyros Capralos, director ejecutivo de Atenas 2004, que fue el único en no arrugar el entrecejo cuando se le nombró a la bicha. Precisamente él, encargado de llevar a buen puerto el proyecto olímpico ateniense. Aceptó de buen grado fotografiarse mirando las páginas de AS, que recogen los montones de piedras en las futuras instalaciones olímpicas, el testimonio gráfico de que las cosas no van en vanguardia, sino en retaguardia.

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"Faltan 465 días para la inauguración de los Juegos Olímpicos y todo se está acelerando, aunque hasta ahora estábamos retrasados. La construcción de los estadios se inició muy tarde". El Comité Olímpico Internacional ha tenido que echar una mano a los atenienses: "Estamos trabajando juntos y el COI nos ayuda".

Palabras diplomáticas. Todo deberá estar a punto, pero ahora está manga por hombro. Y todo el mundo está asustado. Salvo el hombre que lleva las riendas de los carros de fuego del olimpismo ateniense.

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