Hubris, Némesis y Agnelli
Toda Hubris, toda soberbia, tiene su Némesis: su castigo, su descenso a los infiernos. La Hubris soberbia del Real Madrid fue pensar que se podía cortar los dientes de las pirañas de la Juve sólo con fondones escarabajos de oro. En la hora de la verdad, en el hangar de Delle Alpi, el militar orden del miedoso rompecolloni Lippi multiplicó por cien las pirañas juventinas. "Vola la Juve, titulaba ya en el descanso la web de la Vieja Señora. La Juve volaba ante el Real como la maglia rosa Petacchi ante el desteñido Cipollini en las llegadas, las volatas del Giro. La maldición de Némesis contra Hubris.
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Así, tan refinado, tan sibilino, parece florentino, cuando en realidad es una venganza veneciana o de los Borgia diseñada por el avvocato Gianni Agnelli antes de desalojar al Padre Eterno de su trono celestial. Es la vendetta de la organización y los cinco días de sesiones dobles de entrenamiento ante la calidad de los superclase. El cenit del orden que dicta Lippi es el infinito alcance de los recorridos de Davids, la fea piraña de Surinam. O la división del pasto en diez cuadrículas que cuidan diez legionarios como Davids. O como Makelele. Y en el fallo supremo de Figo desde el punto de penalti se concentra, sutil finura, la Némesis de los Agnelli: de gris marengo.
Hubris, Némesis y pirañas a un lado, Makelele le hace más falta al Madrid que ese balón que tanto regala. Hierro ya no está para esto y Salgado salta menos que Del Piero. Por hoy, ganan tus pirañas, rompecolloni. Sólo por hoy.
