El crédito olímpico está en entredicho
A los griegos les va a pillar el toro. De hecho ya les ha pillado. Algunas de las pruebas test para los Juegos Olímpicos de 2004 no podrán celebrarse, porque las instalaciones no van a estar terminadas en las fechas previstas. Era algo que ya se temía. Por eso a principios de año se especuló con la posibilidad de que los Juegos se celebraran en otra ciudad. El nombre de Barcelona salió incluso a colación. Pero el remedio iba a ser peor que la enfermedad, porque no hay ciudad en el mundo capaz de organizar unos Juegos en el plazo de un año, no sólo por instalaciones, sino por reserva hotelera.
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O sea que los Juegos se van a celebrar en Atenas pase lo que pase. Las instalaciones estarán listas para entonces, seguro, pero no se sabe a qué precio. No me refiero a un mayor coste económico, sino a que se inaugurarán deprisa y corriendo, lo que impedirá hacer las correcciones necesarias que requiere todo estadio, pabellón o pista de nueva construcción, máxime cuando van a albergar nada menos que unos Juegos Olímpicos. Éstos siempre exigen un ensayo previo en las instalaciones, que resulta fundamental, además, para que la transmisión televisiva esté a la altura del acontecimiento.
Las federaciones quieren pedir explicaciones hoy a Rogge, el presidente del Comité Olímpico Internacional, en la cumbre mundial que se celebra en Madrid. Rogge es, al fin y al cabo, el máximo responsable del olimpismo y quien tiene que rendir cuentas para bien o para mal. El maltrecho crédito olímpico está de nuevo en entredicho. Y todo porque en las designaciones de las sedes predominan los criterios geopolíticos sobre los demás. En el caso de Atenas se trata de saldar una deuda histórica porque Atlanta se metió con calzador en 1996. Por cierto, fueron los peores Juegos de la historia.
