Yo digo Maldini

Un Pitbull con gafas

Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Dicho con todo el cariño para un jugador clave en el estilo Lippi, aquél perro que se paseaba el domingo por Turín en plenos festejos del título con la camiseta de Davids, dio en el clavo. Así se define bien a este zurdo holandés duro como una roca, casi siempre muy acelerado y bastante violento. Un todoterreno incansable, y por algo le llaman Pitbull, claro.

Nació el 13 de marzo de 1973 en Surinam y con sólo año y medio se trasladó con su familia al norte de Ámsterdam. Creció en las calles, empezó en el modesto Schellingwonde y se encontró de repente en la escuela del Ajax, gracias a Luis Van Gaal, con el que siempre mantuvo una excelente relación.

Tenía 18 años cuando Van Gaal le bautizó como Pitbull por su capacidad de sacrificio como un auténtico perro de presa. El Pitbull es una raza de peleona, de pelo negro y espeso. Un símil magnífico. En el Ajax ganó la Copa de la UEFA en 1992 y la desgracia se cebó con él años después.

En poco más de un mes Peruzzi le paró el penalti con el que el Ajax perdió la final de la Copa de Europa del 96, ante la Juve y Guus Hiddink le expulsó de la selección holandesa por indisciplina. Davids acusó a Hiddink de favorecer a los blancos del equipo y perjudicar a los negros de las colonias.

Luego estudió una oferta del Barcelona, pero llegó al Milán por decisión de Capello y sufrió aquella grave lesión de tibia y peroné. En los pocos meses que pasó en el Milán coleccionó tarjetas rojas y se fue con más pena que gloria. No se adaptó y jamás superó la lesión del 23 de febrero del 97, tras un choque con el portero del Perugia.

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Luego se fue a la Juve, que le firmó por más de un millón y medio de euros al año. Costacurta le llamó "manzana podrida", se operó de un glaucoma en un ojo y usó para ello acetosolamida, una droga que le dio positivo en un control antidoping. Un calvario que terminó bien, e incluso le sirvió para popularizar esas gafas que le han proporcionado un buen contrato comercial.

En plena sanción lo pasó muy mal. Para superarlo le ayudaron sus libros budistas y de Benedict Espinoza, un filósofo holandés del siglo XVII y del que Davids es un fanático. Pero desde que el presidente de la Comisión Atlética del comité Olímpico Italiano Alexandre de Merode le permitió volver, Lippi sonrió de nuevo. Ya tiene a su Pitbull.

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