Las semillas del éxito
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Que se pongan en fila. Solozábal, Andrés Jiménez, Epi, Chicho Sibilio, Audie Norris, Ansa, Lagarto De la Cruz, Manolo Flores y, por supuesto, Aíto y José Luis Núñez, artífices máximos, para recibir su pedacito de trofeo. El Barça ya tiene lo que merecía: la corona europea. Es el momento de recordar, honrar y aplaudir a los que abrieron el camino del podio, a los que sólo por un soplido adverso de la fortuna se quedaron sin el premio en su historial. De quienes han materializado el título, con Bodiroga al frente, se me ocurre un elogio simple: han confirmado que son los mejores, lo cual no es tan fácil como parece.
Cumplido el protocolo, ampliemos perspectiva, seamos conscientes de lo que ha sido la magna cita del Sant Jordi: un espectáculo deportivo de primera magnitud mundial, perfecto en su organización y desarrollo, con el único lunar, incomprensible, del desprecio de la televisión pública estatal. En presencia de periodistas de varios continentes y de medio centenar de representantes de la NBA, se ha perforado el terreno y ha surgido petróleo. Caben entonces un par de reflexiones. Primera: ¿para cuando una Euroliga en su expresión máxima, con doble jornada semanal y sin participación simultánea de los equipos en sus ligas nacionales? Si el espejo es la NBA empecemos por el principio: 300 millones de clientes. O sea, Europa (entera) frente a Norteamérica. Segunda reflexión: ¿hasta cuando las zancadillas de la FEB y el CSD a la Euroliga, la ULEB y la ACB? Para una vez que exportamos algo, en este caso un modelo de autogestión de sociedades deportivas, de torneos de élite, sería más lógico el apoyo que los celos.
