A McEwen hay que quitarle la licencia
A McEwen le quitaron ayer el triunfo y la bonificación, le pasaron al último lugar del pelotón que entró en cabeza y le impusieron una multa de 134 euros. Un castigo ridículo para la barbaridad que hizo. McEwen encerró a Baldato contra las vallas cuando éste le iba a rebasar, quedó a un palmo de ellas, y si las llega a rozar hoy estaríamos hablando de un fatal accidente. Un choque a 50 por hora dentro de un coche tiene terribles consecuencias si no se lleva el cinturón de seguridad; pues imagínense lo que le pasaría a un ciclista que sale despedido a 70 por hora sin carrocería que le proteja.
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Si ven las imágenes del sprint se les pondrán los pelos de punta. Sobre todo porque McEwen cometió tan bárbara maniobra con absoluta premeditación. Alguien que sea capaz de hacer eso no tiene derecho a seguir corriendo. Hay que quitarle la licencia, imponerle una penitencia en la que vea un millón de veces el brutal recurso empleado contra Baldato y cuando haya hecho propósito de enmienda, entonces ya veremos. ¿O es que tiene que materializarse la desgracia para adoptar medidas? Ha quedado demostrado que sobre la bicicleta McEwen desarrolla los peores instintos del ser humano.
Que los ciclistas son unos temerarios, ya lo sabemos. Prueba de ello es la reticencia que han mostrado a utilizar el casco. Un ciclista no suele evaluar los riesgos cuando compite. Por eso lo de ayer quedará en anécdota, como ha ocurrido otras muchas veces. Un ciclista da por hecho que se juega la vida cada vez que se mete en un sprint. Pero la autoinconsciencia de los corredores no legitima a la Unión Ciclista Internacional para sancione con benevolencia actuaciones como la de ayer, que se pueden calificar de imprudencia temeraria. Yo que Baldato ya me había ido al juzgado de guardia.
