Otra pañolada
El gol de Ilie hizo explotar al Calderón. Triunfo del Alavés, que sueña con la salvación ante un desastroso y penoso Atlético

El Atlético sigue haciendo más grande su historia negra de este año. Ayer consiguió que el Alavés rompiera su racha de no ver portería y después de 519 minutos Ilie conseguía un tanto que le da tres puntos de oro. Los rojiblancos suman ya su octava jornada sin ganar y siguen haciendo cuentas para evitar el fantasma del descenso que llama a su puerta. Es imposible conceder tantas facilidades. Los vitorianos se van de Madrid con la mentalidad de que todavía pueden seguir en Primera, después de una gesta en la que muy pocos pensaban como posible.
¡Qué benditos fueron los atléticos que acudieron al Calderón! Los de Luis y el Alavés desde el pitido inicial se empeñaron en demostrar que son muy malos, y lo consiguieron con creces. El balón tuvo que aguantar verdaderas herejías durante el primer tiempo. Parecía un sueño imposible que alguno pudiera ni siquiera acercarse al área rival. A los atléticos les faltaba su trilogía de puñales, el Niño, José Mari y Luis García. La réplica alavesista no admitía dudas, asegurar el cero inicial y si se encontraban con algún regalo en ataque, bienvenida la situación.
El acto inicial del sainete fue incomible. El Calderón recibió de manera benévola a su gente. Los dos onces están más que tocados y el barullo se desarolló en el centro del campo. Salvo un tirito de Contra, en buena acción individual, y dos regalos de Abelardo que a punto estuvo de aprovechar Javi Moreno, el resto no merece la pena ni comentarlo. La gente rojiblanca buscaba culpalbes ante el aburrimiento de lo que veían. Gil recibió bastantes andanadas y al final el aderezo de gritos a favor de la Juventus era el remedio necesario para no dormirse. La indiferencia era evidente. Sergi era el único que parecía iluminado.
Lógica. Como la obra ya estaba escrita, era lógico que en la primera llegada del Alavés ante Esteban llegara el gol. Se cumplió a la perfección por parte de Ilie que aprovechó una contra perfecta. Cuando los rojiblancos parecían con algo de oxígeno con la entrada de Dani y Jorge llegó la machada vitoriana. Los madrileños estaban llenos de mediapuntas y no tenía una referencia en ataque. Era Correa el que se multiplicaba en este apartado. El Alavés con la renta en su capacho formó una línea Maginot sobre los dominios de un Dutruel poco abogiado.
Con el dardo visitante, la gente de Luis dejó al descubierto todo su arsenal de deficiencias. Nadie ponía orden, las bandas estaban olvidadas y la pelota quemaba en los pies. El Alavés tampoco renunciaba a rematar la faena, y con Ilie el miedo de la defensa atlética era evidente. Hasta las gradas se cansaron y pasaban de otro disgusto que les estaba dando su gente. Mucho toque y pocas nueces. La lentitud y la falta de profundidad eran notorias. Parecía más factible la sentencia visitante que otra machada de un corazón muy apagado.
La recta final fue de un Atlético que quería y no podía. Correa y Dani permitieron que Dutruel se pudiera lucir. El Alavés se gana su derecho a soñar con que todavía pueden seguir en Primera. Lo del Atlético no tiene ni nombre. Van hacia abajo y nadie sabe lo que puede suceder en esta recta final.
EL DETALLE
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