Yo digo Raúl Romojaro

Jerez es especial

Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

Dicen que Sevilla tiene un color especial, pero debe ser que esa magia se extiende hacia el sur e invade con su luz el circuito de Jerez donde, desde 1987, se disputa el GP de España. A la pista gaditana se han unido, con el paso del tiempo, las de Montmeló y Cheste, pero la cita andaluza conserva unas connotaciones únicas e irrepetibles que la hacen muy, muy especial. Tenemos la suerte (y el merecimiento) de disfrutar cada temporada de tres grandes premios en nuestro país, pero para decir que hemos estado de verdad en una carrera de motos hay que ir al menos, como a la Meca, una vez en la vida a Jerez de la Frontera.

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Podría intentar explicar por qué es así, pero la verdad es que no creo que mis argumentos hicieran justicia a la magnitud de la gran fiesta en que se convierte un evento que trasciende lo deportivo para transformarse en un fenómeno sociológico. Jerez son las competiciones y mucho más; es la materialización de una pasión que se llama moto y que es capaz de atraer inexcusablemente a cientos de miles de aficionados.

Ellos tienen, y lo digo como lo siento, tanto protagonismo como los propios actores principales del espectáculo. Y ello son los que dan alas a los españoles para rendir y esforzarse casi por encima de lo humano, de lo razonable, y conseguir los éxitos que hacen incluso más grande a esta carrera. Que se lo pregunten a Crivillé, Aspar, Garriga, Puig, Alzamora o Fonsi...

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