Yo digo Alejandro Delmás

Paul Newman tira el disfraz de Armani

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Paul Newman es Marcello Lippi, claro. Tan Newman es Lippi que ha fagocitado el lema vital del guapo artista de Ohio: "Actuar es cuestión de absorber la personalidad de otro y añadir algo de tu propia experiencia". La Juventus de Lippi actúa. Y actúa como Newman en El Color del Dinero. O mejor, en Dos Hombres y un Destino. Porque el destino de esta Juventus de Lippi-Newman, que ha absorbido el catenaccio con disfraz de Armani es caer eliminada en Delle Alpi a manos de dos hombres: Zidane y Raúl. Lippi habla de "humildad y concentración" cuando quiere decir: "disciplina y sistema". Nada más.

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El Paul Newman plateado de Viareggio y de la Juventus apostó ayer por perder 2-1 en el Bernabéu y mereció llevarse tres o cuatro goles ante el Real Portillo. Bajo esa maglia neomoderna de Giorgio Armani, que aprovisiona a Lippi en la Piazza San Carlo turinesa, alienta la personalidad cerrojil barnizada con la distinción de Casa Agnelli: Lippi le añade esa cierta clase de Paul Newman.

Pero tras la exquisitez de los Agnelli, los uniformes de Armani y las sienes de patricio de Lippi, lo que hay es el cuchillo piamontés de una organización implacable, carbonaria, que vive, se reproduce y muere en su omertá de helado control. A esta Juventus con el presunto brillo de Paul Newman le da igual que jueguen Davids, Pessotto, Tacchinardi o Birindelli: todos son peones bajo el glacial dictado de Lippi, cónsul de Viareggio en el vestuario de los Agnelli. Así, podrán ganar en Italia, que es su cosa nostra, pero con el Madrid están perdidos. Y aún peor: Zidane se ha pasado al enemigo.

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