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Un triunfo para soñar

Liga de Campeones | Real Madrid 2 - Juventus 1

Un triunfo para soñar

Un triunfo para soñar

j. aguilera, a. aparicio, j. rubio, ch. díaz, c. martínez y m. muñoz

Trabajadísima victoria del Madrid. El gol de Trezeguet hizo crecer a la Juve. Zidane estuvo fascinante

Me quedo mirando el 2-1 y de pronto me parece un resultado descomunal, maravilloso. Y tengo que admitir que tampoco me parecía desagradable el 1-1, que no cunda el pánico pensé titular. Porque cundía. En mi opinión, el Madrid ha llegado a un punto de excelencia en el que ya no tiene que temer resultados, ni echar cuentas. Es más, la motivación y el desafío lo convierten en un equipo imparable, el aprieto en el marcador será una espuela y que nadie olvide que este equipo sólo se puede morir de una forma, de aburrimiento, nunca de emociones.

Quizá ayer el mayor mérito del Real Madrid fue superar un terreno que no esperaba y que se hizo largo, mucho, el del sufrimiento. Después de una primera parte en la que le dio tiempo a verse en la final, el gol de la Juve en el último minuto fue como un mal presagio. Porque los italianos, hasta entonces, no habían disparado entre los palos y se habían limitado a retorcerse. Tal vez pensó el Madrid que su suerte sería la misma que la del Valencia y el Barcelona: la mala suerte.

Por si fuera poco, todos los sueños de la Juve se hicieron realidad cuando Ronaldo tuvo que abandonar el campo lesionado nada más empezar la segunda mitad. Se liberaban de su bestial efecto intimidador; también de su fútbol, inspiradísimo. Durante 20 minutos el partido fue italiano. Suyo el balón. Y no supieron qué hacer.

El Madrid resistió. Zidane nunca dejó de bailar, de pedirla, bien pudo salir con mallas, estuvo fascinante, en especial el ballet que compuso de la primera parte. Y Makelele siguió abriendo trincheras y cerrándolas después, para que cruzaran los buenos, atento a todo lo que ocurría, como un profesor en una guardería, o en un instituto, que es casi más heroico.

Poco a poco se fueron sumando todos: Guti, que se dio un palizón a correr (el talento ya se le ha visto mil veces) y Helguera, que es un especialista en morir con las botas puestas, suya es la bandera cuando no está Raúl. Gracias a todos ellos, y a los que se vio menos, los últimos minutos resultaron un asedio, el típico asedio a un equipo que se consideraba premiado con el 2-1, el objetivo era marcar un gol y nadie les dio más instrucciones que esas.

No cayó el tercero y casi es de agradecer, por aquello de las motivaciones que hablamos antes. Aunque lo tuvo Portillo en un pie y el propio Helguera en el corazón, o más abajo, fue justo en el suspiro final. Pero esa imagen del equipo que se luce primero, que después camina groggy, medio muerto, y que por fin se tira al ataque, un poco en plan Rocky Balboa, dice mucho del Madrid, de su espíritu, de esas olas que consigue provocar, de ese viento que se inventa.

Y también fue una señal lo que sucedió antes de empezar el partido, cuando se supo que Del Bosque metería a Morientes con Ronaldo, prescindiendo de McManaman. Ese fue un gesto de grandeza, de valentía, el arrebato de un ganador ante un enemigo que viene a esconderse. Y no importa que no fuera todo lo efectivo que se planeó, que no lo fue, porque Morientes no las enganchó y luego Portillo y él se tropezaron en la segunda parte.

Además, durante muchos minutos el Madrid echó de menos a un centrocampista. Pero entiendo que había algo en mantener esa apuesta, algo que no se ve pero que cuenta, hablo del valor, de cosas antiguas. Y no me negarán que es maravillosa esa faceta Humphrey Bogart que nos descubre Del Bosque.

Por cierto, Portillo haría bien en medir sus declaraciones o podría ajustarlas a su rendimiento cuando se le dan minutos y toros, como sucedió ayer. Estuvo torpe en los desmarques y reclamó entre líneas balones que no le correspondían por categoría e inexperiencia. Quien está aprendiendo debería levantar el dedo antes de pedir la palabra. Aprenderá, parece listo.

Analizando con cierta perspectiva, la que me da que la crónica se acabe, no sé qué veo más difícil: si que la Juve gane 1-0 al Madrid en Delle Alpi o que sea capaz de vencer por dos goles de diferencia. Ambas cosas parecen improbables, ya sea por la capacidad ofensiva del Madrid, casi infinita, o por la falta de talento y emoción que tienen los italianos, fiados en exceso a Nedved. Porque Del Piero está para los leones, lento e inocente, y si es triste hacerte mayor siendo defensa lo es aún más siendo delantero. Y poco más queda en ese equipo que va a ganar la Liga en Italia que un delantero oportunista y una defensa colocadita.

Si sienten la tentación de preocuparse, no lo hagan. O no lo hagan más que por aquellas cosas inciertas que siempre nos amenazan, los huracanes, los terremotos, las cáscaras de plátano o las macetas que se nos pueden venir encima. El Real Madrid es mejor, mucho además, aunque Ronaldo no pueda estar en la vuelta, aunque tampoco le dé tiempo a Raúl. En este equipo siempre hay alguien que te rescata, ayer fue Zidane, que se ve que disfruta con cada murmullo de admiración que despierta en el Bernabéu. Un gol ayer y le hubieran sacado a hombros. Algún día presumiremos de haberlo visto y no creo que podamos exagerar ni un poquito.

Triunfó el bien, también pensé en titularlo, por eso de que había que salvaguardar la galaxia, todo lo que es hermoso, por los niños y por los pajarillos y por todas esas cosas buenas que hay en el mundo, también por Leonor Watling.

Habrá que sufrir, pero sigo mirando el 2-1 y me parece un resultado descomunal, maravilloso incluso más aún que al principio.