La miurada de Lopera
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El Betis tiene una suerte relativa: la función más importante de esta tarde en Sevilla, ciudad de prodigios y de ferias, consiste en la temible corrida de Miura en la Maestranza: de tratarse de un besamanos del Gran Poder o de El Cachorro, es posible que el señor Ruiz de Lopera, presidente y patrón verdiblanco, cambiase los sufrimientos futbolísticos por los goces de la celebración religiosa, que es lo suyo. Lopera no verá a los miuras: a cambio, se enfrentará a Clemente y a una nueva tardecita de pasión.
Para Lopera, la verdadera miurada es la que tiene que lidiar con un vestuario tan acomodado como en proceso de ebullición o liquidación. La triste realidad del Betis es que ahora mismo no le gana a casi nadie (Clemente puede ser la excepción) y que la plantilla verdiblanca da impresión de liquidación por derribo. Para colmo, el que ose cuestionar los sagrados derechos de los futbolistas béticos, léase Víctor Fernández, puede llevarse palos muy inopinados, léase la asombrosa quinta tarjeta de Alfonso en San Mamés. Hay que tener en cuenta, eso sí, que Alfonso es hombre con razones para sentirse perseguido: lo último que se le recuerda en el mundo de los vivos es aquel gol a Yugoslavia en la Eurocopa 2000. Yugoslavia ya ha perdido hasta el nombre. La verdad, uno prefiere la emoción de los miuras.
