Atletismo | Dopaje

"Yo vi cómo se dopaba Lewis"

Darrell Robinson ya denunció en 1989 que Carl tomaba sustancias prohibidas incluso antes de los Mundiales de 1983, en los que ganó tres medallas de oro

<B>ACUSACIÓN.</B> Asegura que vio a King Carl con los pantalones caídos, recibiendo una inyección de anabolizantes
Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

Ruidos extraños en la habitación de Carl Lewis. Un compañero de entrenamiento, también de élite mundial, curiosea y abre la puerta. Y, como en una película, no se sabe si trágica o cómica, se encuentra al bueno de Carl con los pantalones a media asta, y a uno de sus amigos jeringuilla en mano, dispuesto a ponerle una inyección sospechosa. Darrell Robinson, ese compañero de entrena- miento inoportuno, se marcha, hace las metas y vuela lejos de Houston. (¿Tenemos un problema?). Sí, tenemos, tiene Lewis, un problema, porque Robinson contó años después la escena a la revista alemana Stern. El jeringazo sucedió a finales de 1982, la acusación de Robinson, en 1989. El doctor Wade Exum ha puesto sobre la mesa pruebas documentales del dopaje de Lewis hace apenas unos días.

Esta visión de Lewis con los pantalones caídos tiene un antes y un después. El antes sucedió en la primera reunión de Robinson con los atletas del grupo de Santa Mónica. El técnico, Tom Téllez, repartió pastillas presuntamente dopantes. "Nos dijo que ingiriéramos dos de ellas tras la cena". Poco después, en una fiesta en el apartamento de Lewis, y cuando Darrell se dirigía al lavabo, sucedieron los hechos de la jeringuilla y los pantalones. "En la cama había un frasquito con restos de una sustancia blanca. Me di cuenta de que soplaban aires poco amistosos, cerré la puerta y volví a Seattle".

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El después de aquello: 18 de febrero de este año. Robinson coincidió con el grupo de Lewis en San Diego, y más concretamente en la ducha. Carl le pidió que le pasase el neceser y Robinson observó su interior: "Había píldoras azules que parecían ser pastillas de dianabol (anabolizantes), las mismas que Téllez había repartido en su despacho". Ese mismo año Carl Lewis iba a ganar tres medallas de oro en los Campeonatos Mundiales de Helsinki y al año siguiente, cuatro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.

La caja de los truenos destapada documentalmente por Wade Exum sigue relampagueando. Ahora todo el mundo hace memoria. Y Lewis se desmorona.

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